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Full text of "El mesías : drama lírico en seis actos y en verso"

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1 C 8 1 





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EL MESÍAS 



DRAMA LÍRICO EN SEIS ACTOS V EN VERSO 



LETRA DE 



D. ANTONIO HARO Y LUQUE 



MÚSICA DE 



D. JOSÉ CABÁS Y GAL VAN 



-^^^Q/S^h^^^^ 



MÁLAGA 

Imp, de D. Manuel Martínez Nieto,— Granada, 69. 
1876 



Esta obra es propiedad de su autor, y nadie podrá, sin su 
permiso, reimprimirla ni representarla en España y sus posesio- 
nes de Ultramar, ni en los países con los cuales haya celebrados ó 
se celebren en adelante tratados internacionales de propiedad li- 
teraria. 

El autor se reserva el derecho de traducción, 

Los comisionados de la Administración Lírico-Dramática de 
D, EDUARDO HIDALGO, son los exclusivamente encargados de 
conceder ó negar el permiso de representación y del cobro de los 
derechos de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



A MIS QUERIDOS AMIGOS 



<&(wsi(jnrtr un rwtutfa ¿ C<t mUté <\vu U$U C<t ma* íicvtttt infctttcict noí !}<t 
tttiibo, mí f¡í ywptiwfo aC Picaros «fe poíto CiBto, 3 eu «fe ttñftpfe, tnaCo 9 ítit 
itnkái au< <*«pf<wC<5, CCínítt&o &$\ U satis facción a tm«fto amigo 

(gl Cantor 



PERSONAJES. 



Raquel 


EZEQUIEL 


Rebeca 


Melchor 


La Vírgen 


Jusepe 


Santa Isabel 


Isaac 


San Gabriel 


Jacob 


Herodes 


San José 


Dimas 


Un Soldado 


Daniel 


Un Bandido 



Gaspar, Baltasar, Simeón; Centuriones; Soldados 

romanos, asirios, árabes, persas; pastores, aldeanos 

ángeles, pueblo, bandidos etc. 



ACTO PRIMERO. 



SeWa.— Crupcn de ganado.— -Los pastores aparecen dormidos.=A la izquierda casa de Santa 
Isabd.=Va amaneciendo, y comienzan á oirse cencerros como de ganado que se pon» 
en movimiento. 



COKO. 



ESCENA I. 

Isaac, Jacob, pastores y pastoras. 

MÚSICA. 

Ya amanece, ya el trabajo 

es preciso comenzar; 

id pastores al ganado, 

id pastoras á segar: 

Ya es la hora, ya es la hora, 

vamos pues á trabajar. 

Ya amanece, etc. 

(Los pastores marchan en distinta* C 



llr-M ]*.(<* 



ESCENA II. 

JlJSEPE Y REBECA monte abajo. 

HABLADO. 

Jusepe. Echa por aquí, zagala, 

¿no ves que esto es mas derecho? 

Rebeca. Pus yo voy por lo torció 

porque quieo que descansemos, 
que me encuentro mu oansáa, 
en este llano tan fresco. 

Jusepe. Pero mujer, tu no ves 

que en subiendo aquel repecho, 
á un tiro é jonda de allí 
está la majáa, y podemos 
en un menuto llega? 
Echa á correr... 

Pus no quiero; 
que me duelen ya las yjatas 



683080 



J USE PE. 

Rebeca. 
Jusepe. 
Rebeca. 



Jusepe. 



Rebeca. 



Jusepe. 



de cansáá. 

Yo estoy lo mesmo 
Pues siéntate. 

No acomoa. 
Pues yo, Jusepe, me siento, 
y tú si lo quiés jasó 
lo jase y sino... 

Me queo 
de pies, por no darte gusto; 
manque los cuartos traseros 
me duelen con un doló 
tan grande... 

iCon sorna.) ¿Sí? ¿CÓmO é jeSOí 

Acostumbrao como estás 
á andar tras de los carneros 
y ya te duelen las patas? 
Pus sabes que ha de ser esto 
porque antoavía no he comió 
desde esta mañana, y luego 
como hemos andao tanto... 



Rebeca. 


Po si está ahora amaneciendo 




y ya has comió una vez; 




quieres mas? 


Jusepe. 


Mas que fuean ciento 




hubiera comió: ya sabes 




que el come no tiene precio 




para mí, pues me comiera 




en este mesmo momento, 




manque me dijeras bruto, 




las dos patas de un becerro. 


Rebeca. 


¿Cruo? 


Jusepe. 


No, mujer, coció, 




manque no estuviá mu tierno. 


Rebeca. 


No te sientas? 


Jusepe. 


No pué sé. 


Rebeca. 


Mas porqué? 


Jusepe. 


Porque no quiero 


Rebeca. 


Anda, Siéntate. (Con zalamería,) 


Jusepe. 


Qué saben! 




Qué ganao tan perverso! 




A que me engatusa ar fin 




y sin quererlo me siento. 


Rebeca. 


Vamos ! 


Jusepe. 


Será menesté 



jaser su gusto; pus güeno. 
Pero si no pueo sentarme 
segTin la jambre que tengo.. 
Vaya... masentaré un poco... 
Pus no me siento; no quiero 
(Jue se sarjad con su gusto*: 



me estoy con el padre quieto. 

Rebeca. Haz lo que quieras. 

Jusepe. Es claro. 

Si á este ganao perverso 
que arruinó al padre Adán, 
le damos gusto, ya es jecho 
que ná podemo en el mundo 
jacer tuerto ni derecho 
sin que ellas metan la pata. 
Pus señó, que no me siento. 

Rebeca-. Me trajiste pa insultarme? 

Vaya, no seas majaero; 
siéntate y cuéntame cómo 
te llevas* con tu amo nuevo. 

Jusepe. Consegrará lo que quiere...! 

Rebeca. Vamos...! 

Jusepe. Pos señó, me siento, 

y ojalá que ala cabana 
en toa la via lleguemos. 

Rebeca. Déjate de mas palabras 

y di cómo en estos cerros 
te vá de zagal ahora. 

Jusepe. Aquí se engrillen torreznos, 

mucho vino, buenas migas 
y mú g*orditos carneros. 
¡La boca se me hase agua 
solamente en pensá en esto! 
Una vez el rabaán 
pa celebra un festejo 
g'uisó un carnero mu grande 
que llenaba un gran cardero. 
Ya que estaba bien coció, 
¡echaba un oló mas bueno...! 
se me ocurrió grita ¡ar lobo! 
Acúen tóos ligeros 
á las voces que yo daba, 
dejando el cardero al fueg'o. 
En seguía llego yo 
y empiezo á proba el carnero, 
y cuando quise acordarme 
no queaban mas que los güesos 

Rebeca. ¡Vaya una barbaridad! 

Jusepe. Rebeca, si estaba güeno! 

¡si comerse una tajáa 
era chuparse los déos! 
Luego derramé too el cardo... 

Rebeca. Pero entonces qué comieron 

los demás pastores? 

Jusepe. Toma!!! 

guisaron otro carnero, 



— 8— 

me llamaron á come... 

Rebeca. Y fuiste? 

Jusepe, Pues fuera bueno 

que yo no hubiera comió, 
y los demás compañeros 
me hubieran echao la culpa 
del antepasao suceso 
y me hubiean dao una paliza 

Rebeca. Entonces ¿qué se creyeron? 

Jusepe. ¡Toma...! que habia sío el lobo, 

que habiendo atisbao el caldero 
le echó mano.... 

Rebeca. Comerías 

después 

Jusepe. Un cuarto trasero; 

y me dijo el rabaan 
al verme como too aquello... 
—Un dia vas á reventa: — 
En teniendo er pancho lleno, 
manque reviente, tio Isacio. 
Otra vez... 

Rebeca. Mia, deja eso; 

tú en hablando de comía...! 

Jusepe. Eso es verdá, me embeleso; 

mientras de comías hablo 
de la jambre no me acuerdo. 
Vamos á segaú la marcha? 

Rebeca. No. Mas dicho allá en el pueblo 

que hoy habrá aquí grandes fiestas! 

Jusepe. Y es verdad. 

Rebeca. Y á qué viene eso? 

Jusepe. Viene... á que viene á vé al ama, 

segnn entendió tengo, 
una parienta mu santa; 
prima, si mal no recuerdo, 
que no ha venío por aquí 
en su via; mas sabiendo 
que el ama paese de empacho... 

Rebeca. De empacho? 

Jusepe. Estamos siertos 

aquí tóos de su embarazo. 
Y diz que si de hereéro 
viene á esta casa un varón, 
el cual sería el primero, 
será tan grande, que naide 
le aventajará en el cuerpo 
ni en el arma, seg-un dijo 
el rabaan dias traseros. 

Jusepe. ¡ Jusepe, tú estás soñando! 

Rebeca. ¡Mentira, que estoy dispierto, 



Rebeca. 
Jusepe. 



— 9— 

pues me refriego los ojos 
y me duelen! 

Rebeca. Ese güeso 

se lo echas á otro perrillo, 
que lo que es yo do lo creo: 
¡tu ama Isabel en cinta! 
Si es estéril! 

Jusepe. Pus yo veo 

que tan grande es ya su trompa, 
que si sigue así creciendo 
la vamos á vé, de fijo, 
desde una legua de lejos. 
Pero hombre, si no es posible; 
si es mu vieja...! 

Qué le haremos? 
Y á fuer que si yo estuviera 
como ella, ganaba ineros 
poniéndome en un portal 
con un tambó y un cencerro. 
Pus otra cosa sucede 
mas estraña 1 : que el abuelo 
desde entonces está múo, 
y yo creo (|ue es de contento. 

Rebeca. Pus eso, Jusepe mió 

ha de enserrá argun misterio. 

Jusepe. Mas que un elefante ensierre 

no me importa: lo que es siertt 
que está mu gorda, y se dice 
que es por permisión del cielo. 

Rebeca. Ese es un lanse muy raro, 

Jusepe; y quién sabe eso? 

Jusepe. El rabaan too lo sabe, 

y mos cuenta estos sucesos 
con una gracia y memoria 
de las que no he visto ejemplo, 

Rebeca. Pues cuéntamelo tú á mí. 

Jusepe. Vamos á seguí er paseo, 

que ya el sol está mu claro 
y estaré falta jaciendo. 

Rebeca. Pues cuéntame el sucedió 

con sus señales y pelos. 

Jusepe. Náa... y tendré que contárselo! 

Rebeca. Y sino yo no me muevo. 

Jusepe. Si la memoria no farta... 

Rebeca. Como salga. 

Jusepe. Pus vá é cuento. 

Tú ya sabes que mi amo 
es sacerdote del tempro, 
y que sirve su semana 
cuando le toca: es lo cierto 



— lo- 
que entre las dos grandes fiestas 
que se jacen... uo me acuerdo 
si fué por el mes de Tizri 
si en otro mes; lo que es cierto 
que era tiempo de vendimia 
cuando sucedió too esto. 
Pus un dia, que esperaba 
en el atrio, too el pueblo 
á que saliera y quemara... 
lo que echan en un tiesto 
que aniego cuando jumea 
gliele mucho... 

Rebeca. Sí, el insencio. 

Jusepe. Er pueblo espera que espera 

un guien rato, discurriendo 
si se habría puesto malo 
ó algrma cosa; en efecto, 
salió el amo, más sin jabra 
y con los brazos jaciendo 
muchísimas musarañas: 
pues estuvo un rato queo, 
y el pueblo se fué aburrió 
y too se queó en silencio. 
Vino luego á la montaña 
y al mes, poco más ó menos, 
reparamos con cuidao 
que le iba al ama creciendo, 
caá dia que pasaba, 
er vientre, que era un contento. 
Por fiu pasaos tres meses 
ya lo tuvimos por cierto, 

y después... (Se oyen instrumentos pastoriles.) 

Rebeca. Caya Jusepe 

Me paese que oig-o un pandero. 

Esta ha de ser una fiesta, 

ale van t ate corriendo. 
Jusepe. Ahora estoy mu bien sentao. 

Rebeca. Anda y no seas majaero 

Jusepe. Pus no te duelen las patas? 

Deja que te acabe el cuento. 
Rebeca. O Vienes ó me voy sola. 

Jusepe. Pus en la majáa te espero. 

Rebeca. Pues me voy, que ya se acerca. ( Hu J e -) 

Jusepe. Jó, Rebeca. 

Rebeca. Matraquero! 

Jusepe. Y ahora tendrá yo que ir 

por estos montes corriendo 

pa guardarla: que se g*uarde 

ella sola, que es primero 

comer y en la fiesta esa 



-11- 

si no me como un pandero 
no hay otra cosa: á la casa 
y en llegando comeremos. 



ESCENA III. 

Sta. Isabel é Isaac, (saliendo deh u*) 

Sta. Isabel Di Rabadán, que sucede? 

A qué obedece esa fiesta? 
Isaac. Obedece á que á tu casa 

en este instante se acerca 

el tulipán más hermoso, 

la más fragante azucena, 

el lucero más fulgente 

y la más brillante estrella 

que Dios hizo para el mundo 

asentándola en la tierra: 

su hermosura es tan hermosa, 

su fragancia tan perfecta, 

que rosa de olor tan puro 

es imposible cojerla. 

Por eso los pastorcillos 

y las gentes de esta tierra 

al ver llegaba á sus limites 

tan bella y pura doncella, 

se engalanaron al punto 

y se dieron á la fiesta, 

y acompañan á tu casa 

a María la Nazarena, 

que con su esposo José 

hánse venio á esta tierra 

á visitarte, sabiendo 

que estás preña y que es la mesma 

la sang-re que ambas tenéis 

corriendo por vuestras venas. 
Sta. Isabel Salgamos á recibirlas. 
Isaac. Salgamos que ya se acercan. 

Jusepe. (Dentro.) Muchachos, viva María! 

Todos. Viva! 

Jusepe. Viva! y tu Rebeca 

vamos á echa una copliya. 

ESCENA IV. 

Rebeca.— Jacob.— Jusepe.— Pastores de ambos sexos con dulzaina* 

tamboriles y oíros instrumentas análogos. 

Jacob. Ea. pastores, pues venga. 



-12— 

(BAILE.— Durante la introducción se disponen en distintos grupos.» Jvstti j 
Rsieci ocupan el centro en primer término.) 



Coro general. 



JüSEPE. 



Rebeca. 

Jacob. 

Coro. 



MÚSICA. 

Venga enhorabuena, 

que viva María, 

que viva la fiesta, 

viva la alegTÍa. 

Menea, Rebeca, 

esas castañetas; 

que se junda er mundo! 

¡Que se junda, ea! 

En baile, pastores. 

¡Que viva la fiesta! 

La bella María 

venga enhorabuena, (Bailan.) 

ESCENA V. 



Dichos— Sta. Isabel.— La Virgen.— S José.— Isaac 
HABLADO. 



Isaac. 


Basta de baile, zagales: 




vamos! haceos á un lao 




que ya se acerca muesama 




con sus parientes... ¡Andando! 


Jusepe. 


,Pus no chilla mucho el viejo! 


Rebeca. 


(Aparte á ei.) Calla, Jusepe! 


Jusepe. 


¡No callo! 




Jasta que llegue la noche 




me vas á tener hablando. 


Rebeca. 


Eres insufrible! 


Jusepe. 


¡Güenol 




Pues no me callo. 


Rebeca. 


Y un ganso! 


Jusepe. 


Desde antes que naciera 




lo sabía. 


Rebeca. 


¡Está claro ! 




Si no callas nunca! — Yo, 




como sigas peleando, 




tomo el camino y me voy! 


Jusepe. 


Y luego andarás gritando 




cuando estés lejos, ¡Jusepe! 




¡Jusepe! ven á mi lao. 




mira que una mujer sola... 


Rebeca. 


¿Yo...? 


Jusepe. 


Tú; como hace un rato. 




que venía yo á come, 




y por tu cansa... 


Jacob. 


Desílee! moni*.) J.OS aillOS 



—13- 

aquí vienen. 
Rebeca. Punto en boca. 

Jusepe. Pero me lie de estar callao? 

Isaac. Señora, con gran placer 

te doy mis enhorabuenas. 
Jusepe. Y yo también. 

Jacob. Yo lo mismo: 

solamente que quisiera 
que el amo oyera y hablara 
como nosotros y fuera 
mas alegre esta visita. 
Sta. Isabel Dices muy bien: mas la escelsa 
divinidad lo dispuso; 
acatemos su fineza. 
Jusepe. Ahora que muesama dice.... 

A mi caletre recuerda 
que majando sal un dia 
pa jasé las cachorreñas 
me di un porrazo en un deo 
mu grande.=Ejío es fineza 
de la mano d* Señó, 
me dijo Jacobo.=Ella 
te muerda, le dije yo, 
pus no quiero esa fineza: 
si á tí te gustan, bien puedes 
reventarte la cabeza 
contra una piedra mu gorda... 
Isaac. Bárbaro! á que viene esa 

ensarta de disparates, 
cuando aquí á pelo no llega!! 
Jusepe. Pus hombre: si ella llegara 

no era menester traerla, 
y ansina la traigo yo, 
pa que venga.... 
Rebeca. Calla, bestia! 

Jusepe. Mia que te doy con la porra! 

Isaac. Adiós, bella INazarena, 

muesama, hacia el ganao 
vamos, si nos das licencia. 
Jusepe. Jasta otro rato tocallo. 

Venga música. 
Isaac. ¿Qué intentas.? 

Jusepe. Que no quieo dirme llorando. 

Vamos á bailar, Rebeca, 
y en bailando, comeremos, 
que también nos tiene cuenta, 
pus la alegría con flato 
no es alegría completa. 
Jacob. Yo creí que hoy do pensabas.... 

Jusepe. En comer? Pus bueno fuera; 



—14— 

Quítate de ahí Jacobo, 

y déjate de tonteras; 

Rebeca, vamos al baile... 

Vamos á bailar, mozuelas. (canto y bailo.) 

ESCENA VI. 

oAN JÓSE sale tic la casa (le Sta. Isabel, y se dirige á una peña. 

S. José. ¡Cómo estoy! Olí! no lo sé, 

pero mucho he caminado 
y me encuentro muy causado; 
un poco descansaré. 
Dios en su grandeza ignota 
presenta á este su fiel hijo, 
para que apure prolijo 
la amargura gota á gota. 
Hace bien; merecería 
sus enojos; ¡justo cielo! 
yo la creia mi consuelo 
y es mi deshonra Maria! 
Pero es imposible! A aquel 
corazón tan puro y bello 
pudiera imprimirle el sello 
de infamia, Satán cruel? 
Imposible! ah! no lo dudo! 
Yo observo en María... no sé.... 
pero me parece que.... 
yo desfallezco á tan rudo 
golpe; ¡Señor, compasión 
tened de este pobre anciano; 
tendedme, oh Dios, vuestra mano; 
aliviad mi corazón, 
que hecho trizas, contristado, 
llora sangre; Dios y dueño!! 
Oh! me... caigo, tengo... sueño; 
¡Dios... mió! ¡Dios... adorado! 

(Desde el principio de la última redondilla, empieza á iluminarse la 
escena y la orquesta preludia una melodía dulce, que no lamina 
hasta que empieza el coro de ángeles.— Final.; 

ESCENA VIL 

S. José.— El Ángel. 

Ángel. José, María cuyo esposo eres, 

Bendita es entre todas las mujeres; 
No dudes su preñez que es tu consuelo 
Y acata los decretos de ese cielo. 
No es obra de varón la de María; 
Esto te dice Dios el cual me envía: 



—15— 

Un hijo parirá que es deseado 
Para borrar del mundo el vil pecado, 
Al que pondrás Jesús, allá en sus días; 
Este es tu Dios, el ínclito Mesías. 

(Desaparece el ángel.— S, José despierta de su letargo y cae de rodillas. 
La escena alumbrada con luz roja y blanca.=Telon despacio, termi- 
nado el coro.) 

MÚSICA. 

Coro de ángeles: 

Hosanna en las alturas; 
Alégrese el mortal 
Que al mundo y sus criaturas 
Jesús viene á salvar. 



FIN DEL ACTO PRIMERO- 



ACTO SEGUNDO. 



Campo nevado.— Al fondo monte.=En el centro de este, piedra practicable que a su tiem- 
po debe abrirse, en cuyo centro aparecerá el misterio del Nacimiento,— La nieve cae 
aumentando gradualmente. 



ESCENA PRIMERA 



Isaac. =Rebeca. 

Rebeca. Con que ya sabes, Rabaan, 

porqué está tan digustao. 
Dice que está muerto ó jambre 
y que el otro dia en el bando 
le prometió un centurión 
venir á descabezarnos: 
esto no será verdad! 

Isaac. Er demonio del muchacho; 

encabezar oyó él 
y como el pobre es tan ganso 
ya temió por su cabeza. 
Y jase farta ar ganao 
y era menester traello. 

Rebeca. Yo lo encuentro mu reacio. 

Isaac. Pues es preciso que venga 

cueste lo que cueste. Vamos, 
que yo imajinaró un medio 
de llevármelo al contao.... 

Rebeca. Si pudieras darle un susto 

Isaac. No dices mal; disfraz ao 

volveré de aquí á mu poco 
con un traje de soldao 
que juyendo de la corte 
me dejó ayer un romano; 
tú me lo jases venir 
y en estando aquí... 

Rebeca. Me largo. 

Isaac. Vamos á ponerlo en obra. 

que no está esto mar pensao. 



-17- 



ESCENA 11. 

JüSEPE. 

usepe. Ya van por allá abajóte; 

á donde irán? está eraro, 
liabrando estaban de mí 
y el rabaan cabisbajo 
dijo á mi hermana una cosa. 
eme no fué mu mala, cuando 
ella se puso contenta 
y dio á correr cou ér; vamos: 
casi tengo por seguro 
que me quién echa la mano; 
y en cuanto uno me se acerque! 
le doy un cachiporrazo 
que no le quea en la cabeza 
g*ana de comer bocao! 
pus estaría yo bonito 
g-orviendo ahora al ganao 
á que me maten de jambre 
ó á que vengan los sóida o 
y me descabesen; no: 
yo no sentiría este caso 
si er pescueso me cortara 
cuando yo estuviera jarto. 
Y á proposito é comía; 
voy á comerme este cacho 
de pan y este poco é queso 
que ámi madre le he quitao. 
Ella me dio una paliza 
que ma dejao doblao, 
pero la verdad de too 
es que yo me lleno er pancho. 

ESCENA III. 



DlCHO.==ISAÁC, disfrazado do Romano, — REBECA. 

Isaac. Vamos, ya no jase falta. 

mira donde está, Rebeca. 
Rebeca. Pues voy á esconderme ahí 

tras ese árbo, pa está cerca 

y escucha la escena toa, 
Isaac. Escóndete donde quiera. 

Yo lo que quiero, os qué él 

ni por adorno te vea. 
Rereca. Pierde cuidao. 

Isacc. Pues anda; 



—18— 
ya verás que susto lleva! 

(Rebeca se esconde, =Isaac se dirijo ¿Jusepe espada en mano y leda 
con ella.=JusEPK se levanta aturdido y vuelve á caer. 

ESCENA IV. 

Isaac— Jusepe. 
MÚSICA 

Isaac. Dirne; villano=porqué, traidor 

has renegado=de ser pastor? 
Jusepe. Señó soldao=es la verdad 

que yo me vine=y dejó el ajuar. 

Déjeme ar punto=que estoy temblando 

de ver su sable— tan afilao. 
Isaac. Eres cobarde! 

Jusepe. No man criao 

para valiente— más como un gamo 

verás si juyo=por este lao. 
Isaac. Tente! 

Jusepe. No pegue=esos gritasos 

que no soy sordo :=vamo apostando 

quien más ligero=eorre. 
Isaac. Villano! 

por tu maliciante he de hacer tajos. 
Jusepe. Pus hasme tejo=:que si un tejao 

yo me golviera...— 
Isaac. Calla ó te mato. 

Promete al punto=ir al ganao 

ó te hago veinte=de un solo tajo. 
Jusepe. Yo le prometo=ir de contao 

si no me mata.= 
Isaac. (Aparte.) Ya está ganao! 

DÚO. 



Jusepe. 

Tengo que ir 
á trabajar 
ó este borrico 
me vá á matar. 
Que miedo tengo, 
vamos allá. 



Isaac. 

Se lo ha creio 
y sé que irá. 
Cree que un romano 
soy de verdad 
y estoy seguro 
que marchará. 



(Jusepe huye é Isaac queda en escena.) 



■19- 



ESCENA V. 

Isaac a poco Rebeca, Jacob riendo 

saac. Allá vá el pobre corriendo 

á su casa, y de contao 
juyendo como una corsa 
irá esta noche al g*anao. 

Rebeca. Q Lie susto lleva el pobrete! 

Jacob. Desde allí lo lie estao mirando 

y no me he muerto de risa 
no se porqué. 

I SAA c. Qué! escuchando 

también Jacobo estuviste? 

Jacob. Como está too eso nevao 

y jase un frió tan grande, 
encaminábame al jato. 
Vi á Rebeca y me esplicó 
que vestio de sordao 
á Jusepe un susto gordo 
le estabas aquí tu dando 
y me paré para verlo. 
Tienes cosas que es un pasmo. 

Rebeca. Verás como ahora viene. 

Isaac. ^o ha de venir? como un rayo 

se encaminará hacia aquí 
pa presentarse en el hato. 

Rebeca. Qué noche mas fria que jase. 

Isaac. Rebeca, acuéstate un rato 

que ya vá entrando la noche, 
y nosotros á tu hermano 
' esperaremos aquí. (Vase rebeca.) 

ESCENA VI, 



Dichos menos Rebeca. 

Jacob. Pero vendrá? 

Isaac. Está claro, 

no ves que teme que vaya 
y le eche el pescueso abajo' 
No tardará dos instantes 
sin que esté aquí. 

Jacob. Dime, Isacio; 

y supiste porqué el bruto 
no quería vení al g-anao? 

Isaac. Porque se le habia metió 

en su meollo malvao, 
que si al g-anao venia 



—20- 

iban á descabezallo. 

Jacob. Y en qué se fundaba el tonto? 

Isaac. En que ahora di as pasaos, 

cnando llevóse á la Corte 
el cardero á remendarlo, 
oyó habla de encabeza; 
que ya sabrás que Octaviano 
ha mandao que too el mundo 
vaya á su pueblo, y lleg-ando 
se encabece en los registros. 
Oyó publica el bando 
y le entró al probé tal zurro 
que vino traspajilando 
antes que un soldao de aquellos 
quisiera descabezarlo : 
oyó decir encabeza. 

Jacob. Vamos, ya comprendo el caso 

le pareció que eso era 
echa la cabeza abajo. 
Pus buen susto lleva el pobre 

Isaac. Ya tarda. 

Jacob. Estará tragando. 

Isaac. Si, le habrá dicho á su madre 

que pa venir al g*anao 
c'on unos fríos tan grandes 
es presiso comer alg*o. 
Y eso que estaba comiendo 
cuando lo encontré. Si jarto 
lo viera yo de una vez, 
no sé qué hiciera. 

JUSEPE. (Dentro.) TÍO Isacioü 

Jacob. Ahi viene ya. 

Isaac. Si, y de miedo 

viene el pobrete gritando. 
Jusepe. Tío Isacio, donde estasté? 

Tsaac. Sube el repecho, aquí estamos! 

ESCENA VIL 



Dichos y Jusepe. 

Jusepe. Buenas noches, caballeros. 

Isaac. Mu güeñas. 

Jacob. Donde luis estao, 

que hace tres dias no vienes? 
Isaac, A ver, cuéntalo. 

JUSFPE. (Con misterio.) EnCailtao ! 

Todos. ¿Encantao? 

Jusepe. Si señó; 

si os parece un caso raro 



—21— 

jaserme unas cahorreñas 

y os lo cuento. 
Isaac. Vamos claros. 

Tu lo que quiere es come.... 
Jusepe. Y aluego después de jarto 

contaró punto por punto 

lo que tanto os ha admirao. 
Isaac. Siempre has de estar llenoójambre 

Jusepe. Mejor dirás lleno ó flato; 

que á mi andorga poco farta 

pa pegarse al espinaso. 
Isaac. Pus no has comió? 

Jusepe. Ahora poco 

me estaba comiendo un cacho 

de pan, pero he pasao un susto 

y el pan no ma aprovechao. 

í como jase este frió 

Tío Isacio, estoy tiritando! 

Voy por la bota del vino 

pá calentarme. 
Jacob. La traigo 

colgáa. 
Jusepe. Pus venga al punto, 

que me voy á pono malo. (La coje.) 

Brindo porque una pedrá 

le den a un sordao romano 

que ahora poco me dio un susto. 
Isaac. Suerta la bota, muchach , 

que te vas á emborracha... (Bebe.) 
Jacob. Venga pá mí. (Bebe.) 

Jusepe. (Se ia quita.) Vamos eraros! 

No ser dropes, caballeros; 

que bebamos tóos! 
Isaac. Vamos, 

Jusepe, no te emborraches! 
Jusepe. Como me digas borracho 

meto mano á la porrilla ! 

Voy á toma otro trago: 

á la salú de... 
Jacob. Jusepe, 

no bebas mas...! 
Jusepe. Jecha á un lao! 

que esta noche estoy contento 

no sé porqué... 
Jacob. Estás borracho. 

Jusepe. Mira, Jacob, no seas bruto, 

mas que no puées remediarlo; 

Isacio, no sientes tú 

en tu alma un conten tazo 

que te se aumenta cá instante? 



-22— 

Isaac. Que está diciendo el muchacho? 

Jusepe. ¡Vamos! No jaseis las migas? 

Os queais empotricaos? 
Tendré que ag^arrá la porra? 

Jacob. No señó, vamos volando: 

y los avíos? 

Jusepe. Los avíos 

nos los dará de contao 

uno que es más que nosotros 

y que viene de lo alto 

á repartir sus mercóes 

entre too er que no sea malo! 

Isaac. Misterioso está el chiquillo! 

Jacob. Está apurao el muchacho! 

Isaac. Pus si quieres comer migas 

tienes que llegarte al hato 
por la sartén, tan y mientras 
nosotros el pan migamos. 

ESCENA VIH. 
Dichos menos Jusepe. 



Jacob. El zagal, con el vinillo 

parece sá emborrachao; 

y eso que no bebió mucho. 
Isaac. No has estao en lo que ha hablao? 

Jacob. Sí, disparates, tonteras... 

Isaac. Pues á mí ma impresionao 

de tal modo, que no sé 

lo que en mi cuerpo ha pasao! 

No es natural esta noche 

la alegría del muchacho. 
Jacob. Hombre, á tu edad, todavía 

rio conoces los borrachos? 
Isaac. Jacobo, no es borrachera 

lo que tiene...! 
Jacob. Sin embargo, 

él se bebió media bota. 
Isaac. Con too y con eso, no paro 

de pensar en sus palabras, 

pues que pensar tiene el caso. 

(Empieza á iluminarse la escena hasta que tiene lugar la transforma 
cion.— Jusepe baja asustado, trayendo una gran sartén.) 



JüSEPE. 



Jacob. 



Isaac. 
Jusepe. 



-23- 

ESCENA IX. 

Dichos.— Jusepe. 

Tío Isacio...! Vengaste acá! 

¡Ay, Jacobo, que me muero! 

Una pantasma mu grande 

sá descorgao del cielo, 

y viene echando mas chispas 

que la fragua de un herrero! 

¡Ay, tio Isacio, de seguro 

que de esta me corta el cuello! 

Too el monte lo tié alumbrao: 

san espantao los carnero 

y el burro vá rebusnando 

el probesillo de mieo! 

¿Lo yes? Mira si es el vino, (a Isaac, j 

Vente pá bajo, Jusepo, 

y duerme un rato la chispa. 

(i Dios mió! ¡Si será cierto!) 

Aquí está ya: por Dios, tápame, 

que se má escompuesto el cuerpo. 

(Desde el momento en que el Ángel vá á aparecer, la orquesta preludia 
una armonia dulce, que, como en el primer acto, termina con el 
coro.— Bengalas.) 



ESCENA X. 

Dichos.— El Ángel. 

Ángel. Oid, pastores, y llamaos dichosos, 
Pues que sois los primeros 
Que oiréis la grande nueva de este siglo. 
De Dios soy mensajero, 
El cual reconociendo la inocencia 
Y el afecto sincero 
Con que diariamente rendís culto 
A sus santos misterios, 
Os revela que su Hijo ya ha nacido. 
Seguid ese sendero, 
Cuando lleguéis al muro de la aldea, 
En el lado derecho 
En un portal oscuro y miserable 
Hallareis al Señor de tierra y cielo, 
Que de este modo nace 
Para abatir altivos y soberbios. 
Id y adorarle, pues, y no os asusten 
Vuestra humildad ni vuestro escaso jónio 



—24- 

Por que Dios solo aprecia 

Corazones humildes cual los vuestros. 

Y vosotros, espíritus celestes 
Que coronáis el alto firmamento., 
Levantad vuestras voces 

Y al Señor sin cesar alabemos! 

MÚSICA. 

Coro de angeles. 

Gloria á Dios en las alturas, 
Paz al hombre, paz al mundo; 
Cristo viene sin segundo, 
Á salvar al pecador. 

Viene á deramar su luz; 
Viene su vida á ofrecer, 
Y entre Dios y el hombre á ser 
El constante mediador. 

ESCENA XI. 
Isaac— Jacob— Jusepe . 

Jusepe. Eh? Cuando yo lo decia! 

Isaac. Jusepe, dame un abrazo 

Jacob. Y á mí también. 

Jusepe. Eh, señores, 

no apretarme po eso tanto. 
Pensá que será mesté 
lleva á ese niño un regalo; 
que aunque pobres, reconozca, 
que agraecíos le estamos. 

Isaac;. - Tienes razón, llevaremos 

Jusepe. Yo un corderillo temprano. 

Jacob. Y yo miel. 

Isaac. Y yo manteca. 

Jusepe. Muchachos, vamos andando, 

llamaremo á los sagales 
pá que vengan á, mirarlo. 



Transformación general. 



Desaparece la nieve por completo.— Descúbrese el portal que estará preparado como se lia 
d¡tho.=a=Rómpense algunas peñas y de ellas salen hadas y ninfas.— Luces de Bengala.— Los 
angeles cantan el Hosanna del primer acto.=Baile de hadas, terminado el cual, bajan pas- 
tores y coros, con instrumentos unos, con preaentes otros. 



—25- 



ESCENA XII. 

La Virgen.— San José.— Isaac— Jacob.— Jusepe.— Rebeca. 
Pastores. — Pastoras. 



Isaac. 



Jusepe. 



Coro. 



Tiples. 



Coro. 



MÚSICA. 

Venid, compañeros, 

colad tras de mí, 

sin duda es el niño 

este que está aquí. 

Niño tan hermoso 

en mi via vi; 

pus si es mi tocayo 

su paire, vení; 

Vaya si es bonito, 

vaya si es salao, 

vaya si chiquito 

el Dios humanao. 

Vamos todos al portal 

á ver prodigio tan raro 

y á ofrecer nuestros presentes 

al niño Dios humanao. 

Y á su linda madre 

bella nazarena 

que es una azucena 

tan bella y gentil 

que ni semajanza 

tiene con su cara 

la aurora más clara, 

la flor del pensil. 

Vamos todos etc. 



Jusepe. 



Isaac. 
Jusepe. 



HABLADO. 

Señores, mu güeñas noches. 
Arreparosté, tio Isacio 
como me mira el chiquito! 
Tio Jusepo, estáte malo? 
Eh! 

Si está medio dolmío. 
No sacueldasté, tocayo, 
del dia que lo vi asté 
ahora tres semana ó cuatro? 
Por señas que mi borrico 
iba conmigo, y que un palo 
más gordo que too mi cuerpo 
estaba osté aserrando! 
Le doy asté la enhorabuena. . 



—26- 

Mirá, qnójaceis paraos? 

Isaac. No te callarás, Jusepe? 

Jusepe. Vamos á pega gritasob 

y cantarle unas copliyas 
al Redentor humanao. 



MÚSICA 

Si niño te adoramos 

pobre y sin cuna, 

no cambiamos con nadie 

nuestra fortuna; 

Por qué es mu fijo 

que del Eterno padre 

tu eres el hijo. 

Vinistes á este mundo 

á libertarnos 

del pecado primero 

por no matarnos: 

Haz que ganemos 

la gloria de tu padre 

y allí gocemos. 



HABLADO- 

Isaac. Admite Señor, de miel, 

la ofrenda que te presento, 

que en sacrificio cruento 

otro te dará la hiél. 

Más esquisito otro don 

yo quisiera presentarte, 

mas por lo que á ese le farte 

admite mi COraZOn. (Presenta un tarro.) 

Jacob. Niño Dios, niño divino; 

admite de mi pobreza, 
aunque no es presente diño, 
este tarro de manteca, 
que es muy significativo: 
lo que fuere malo, al punto 
de haber manteca comió 
tú lo sabrás reproba. 
Yo me ofrezco á tu servicio 
y consagraré mí via 
á adorarte, Jesús mió. 

Jusepe. Digo! les parece astés 

si los dos han sio lainos? 
¿Y que le digo yo ahora? 
si ellos toó se ío han dicho, 
Ea, largarse de ahí. 



27 

Áqui está este corderrillo 
que está flaco como yo 
pues como yo uo ha comió 
ya hace rato; pa regalo 
bueno está; ahora Dios mió 

líbrame de los armaos 

y... que mas, Jacob? 

Jacob. Borrico! 

Jusepe. Se me orviaba una cosa! 

Que se coma er corderillo 
que tiene la carne tierna. 

Isaac. No seas bruto Jusepillo; 

Dios se vá á come un cordero? 

Jusepe. Pus si yo me como cinco! 
Tu no entiendes de comia. 
Cuando yo era chiquitiyo 
me comí en una sentá 

Isaac. Callarás? 

Jusepe. Pus señó, chito. 

Vamos á baila, muchachos, 
á la salud del Dios niño. 

Baile pastoril. 



FIN DEL ACTO SEGUNDO- 






ACTO TERCERO. 



Antesala i!el salón del Trono Je Herodes: Al centro, cubriendo una ancha arcada, cortinaje 
practicable que á su tiempo debe correrse presentando el magnifico salón arriba dicho, 
lujosamente ataviado al gusto de la época. A la izquierda gran trono dorado del Rey, a 
cuyos pies habrá algunos pebeteros ó incensarios también de oro. Alrededor cojines de 
seda y otomanas al gusto oriental de la época: al lado del trono una puerta practica- 
ble reservada únicamente ¡ 1 Rey y sus Ministros.— Al abrirse la escena aparece cu- 
bierta la arcada con el cortinaje. Es de dia. Puertas á derecha ó izquierda. 



ESCENA PRIMERA. 
Daniel.==Ezequiel.~Centuriones, Soldados y Palaciegos dise- 

minados en distintos grupos, 

MÚSICA. 

Coro El Rey está enfermo; 

¿esto que será? 
dicen que la noche 
la pasó muy mal 
hay quien asegura 
que su enfermedad 
está en su conciencia 
¿si será verdad? 
También dicen otros 
que su mag-estad 
padece de insomnios 
y que morirá. 
Y si Herodes muere, 
si esto es realidad, 
de David el Trono 
quien ocupará? 
Dejemos pues la Cámara 
vamos á descansar 
que lo que Dios quisiere 
olio sucederá. 
Dejemos este sitio 
dejemos el salón; 
y donde no nos oigan 



-29— 
hablaremos mejor. 

ChitOD. ChitOll. (Vánsc por la derecha) 

ESCENA II. 

Ezequiel. =Daniel. 



HABLADO. 

Daniel. Descansa aun el Rey? 

Ezequiel. Descansa! 

Daniel. Vos su sueño habéis velado. 

Ezequiel. Y su desvelo he notado!! 
Daniel. (¡Oh! no mueras, esperanza!) 

Ezequiel. Tiene el Ministro á fé mia 

á su Rey muy poco amor 

Daniel. Centurión, no soy traidor. 

Ezequiel. Lo comprendo 

Daniel. Mi hidalguía 

nunca desmentida fué 
y no en vano el pueblo ama 
al que por Ministro aclama. 
Ezequiel. Lo sé, Ministro; lo sé! 
y no sé porqué razón 
dicen que dejais la Ley 
y que esperáis otro Rey 
para honrarle! 
Daniel. (Compasivo.) ¡Centurión!.... 

Un rey cual el que yo espero 
es dig'no de adoración: 
es un rey del corazón, 
santo, digno, justiciero. 
Rey que á la vida convida 
y que hace al hombre su hermano 
Rey que del g-énero humano 
viene á redimir la vida! 
Rey que al mundo asombrará 
con su virtud asombrosa; 
Rey que... 
Ezequiel. (interrumpiéndole,) Decid; una cosa 
me ocurre; cuándo vendrá? 
Porque vos debéis saber, 
seg'un vuestro discurrir, 
en qué tiempo ha de venir 
su felicidad á hacer. 
Dnaiel. No oís hablar del Mesías, 

del Mesías prometido? 
Ezequiel. Tened, Ministro, entendido 

que no vendrá en nuestros dias: 



Vendrá ¡já já! 



:i, v 



rndra. 



—30— 

no mi lengua no os precisa 

Daniel. Os mueve el asunto á risa? 

Ezequiel. No ha de moverme?.... ¡ja ja! 

Menos crédulo os creía; 

y también mas 

Daniel. Acabad!! 

Ezequiel. No os lo digo, perdonad 

Daniel. Decid, ó por vida miau 

Ezequiel. Eli! Cuidad de vuestra espada! 

Yo os conozco; no hace al en so, 

mas evitad un mal paso 

que no respetaré nada. 

El rey es rey de este suelo 

y es digno de que se estime. 
Daniel. El Mesías es rey sublime, 

cuya corte está en el cielo! 

y el que con su necio encono 

pretenda atacarle osado 

Ezequiel. Ministro, ya es demasiado! 

yo derribaré su trono 

ayudando á mi señor. 

Yo Ministro! (Ri e ) 
Daniel. Tu soldado? 

Ezequiel. Yo, que nunca he couspirado 

y que jamás fui traidor. 
Daniel. Ezequiel, soy tu enemigo. 

Ezequiel. Tu amistad la tengo en poco. 
Daniel. Vó que á luchar no provoco! 

Ezequiel. No puedes luchar conmigo. 

Ni la razón ni la ley 

me lo permiten. (Suena una plancha china.) 

Daniel. No oís? 

Ezequiel. Comprendo lo que decis; 

ya se ha levantado el rey! 

Daniel. Quedamos, pues de esta suerte 

Ezequiel. Si, que enemigos quedemos: 

Guerra!.. 
Daniel. Luchemos! 

Luchemos! 
Ezequiel. Guerra á muerte! (váse por la izquierda.) 
Daniel. Guerra á muerte ! 

ESCENA III. 
Daniel. 



Me disputas el favor 
miserable aventurero 
y te arrastras cual serpiente 
limpiando el polvo del suelo 



-31- 

al rey por doquier que pasa! 
!Oh! miserable rastrero! 
El rey! y quién es el rey? 
Un ambicioso extranjero 
que todo lo debe á Roma, 
riqueza, corona y cetro, 
á cuyo imperio tratara 
con el mas alto desprecio 
si alguna fuerza tuviera 
y contara con el pueblo, 
el cual conoce á su rey 
Y en nada le apoya? Empero 
él. como rey de Jiidea 
se muestra al pueblo soberbio 
y le blasfema y desprecia 
y tan vano y altanero 
es su carácter, que solo 
con hablar de ese chicuelo 
que según pregona el vulgo 
lia nacido en ese pueblo, 
ya está temblando, sin duda 
por su corona y su cerro 
que se escapan de sus manos... 
¡Rey sin vida y sin alientos! 
lian dado en llamar el grande 
y yo te encuentro pequeño! 
El l gTÍto de tu conciencia. 
tus fieros remordimientos 
son los que así te aniquilan 
presentándote pigmeo. 
Si el que nació fué el Mesías, 
si es cierto, quiéralo el cielo, 
ha de trastornar tu estirpe- 
poniendo en paz este reino 
que contigo no disfruta 
de quietud ni de sosiego. 

Para entonces para entonces 

conocerá el pueblo~Hebreo 
que si hay un rey en la tierra 
justiciero, santo y bueno, 
no será tu hipocresía, 
no será Herodes: de cierto 
será un rey de nuestra raza. 
de nuestra " tribu, un hebreo 
descendiente de David 
quien gobernará este pueblo. 
Ay de tí. Herodes, enton 
Haces bien: tiembla. Idiuneo. 
que si lia nacido el 3íe c 
te hundirás hasta* el infierno. 



Daniel. 

Herodes. 

Daniel. 



Herodes. 

Daniel. 
Herodes. 



Ezequiel 



Herodes. 
Daniel. 

Herodes. 
Daniel. 



Herodes. 



Daniel. 



—32— 
Me parece que oigo ruido: 
viene el Rey, disimulemos. 

ESCENA IV. 

Dicho.=El Rey.=Ezequiel. 

Gran Señor. 

Tú tan temprano? 
Que estáis enfermo he sabido 
y perdonad si he venido 
tan temprano. 

No es en vano 
digan que no tienes precio. 
Mi fidelidad... 

La aprecio 
y te presento mi mano. 
Eres un vasallo fiel 
y en tí nunca hallo malicia; 
ya sabes que hago justicia 
cuando ha menester, Daniel. 

Despejad. (A Ezequiel y soldados.; 

Guárdeos el cielo. 
ESCENA V. 
Dichos (menos) Ezequiel 

Hoy tu ayuda necesito. 

Gran Señor me felicito 

y recibo un gran consuelo. 

Un gran consuelo? porqué? 

Señor, porque hoy muestras dais 

de que ya enfermo no estáis 

ó estáis mejor. 

No losé 
Hay momentos crueles que me asaltan 
Horribles pesadillas: mi cerebro 
Ardiendo, cual el alma se estremece 
Hasta que en mí ya vuelvo. 
Entonces, fatigado, 
Torno la vista y mi dolor acervo 
Dejándome tranquilo, 
Vuelve quietud, ¡quietud por un momento! 
ira de Dios! que asi esté yo abatido 
Sin quietud, sin descanso, sin sosiego, 

Y que de esta fatiga 

Solo tenga la culpa un rapazueloü 
Dejad, Señor, del mundo la quimera 

Y de esa pesadilla haceos dueño; 



—33- 

Si el Mesías naciera 
Reinaría en el cielo. 
Serian sn corona las estrellas 
Que tachonan el alto firmamento 

Y no ambicionaría, de seguro, 

El reinar en la tierra: lo que es cierto 
Que la ignorancia crasa 
Del desgraciado pueblo, 
Que espera que el Mesías le redima , 
Esa conseja la acogió al momento. 
Herodes Ya los sabios vendrán que he consultado; 

Y ahora que libre y junto á tí me veo, 
Reséñame el estado 

En que se. encuentra el reino. 

Daniel. Señor, desde la fecha en que mandasteis 
El empadronamiento, 
No pueden referirse novedades 
Como no sea la orden del imperio 

Herodes Daniel, sabes que aquí no ordena nadie 
Sino yo, que viviendo 
Aun estoy, y te atreves á decirme 
Que una orden recibiste del imperio? 
Que no sufro otra vez tal felonía! 
Que otra vez tal bajeza no tolero. 

Daniel. Señor 

Herodes No olvides que ofendiste al rey; 

Te perdono esta vez. 

Daniel. Rey altanero! (p aU sa.) 

ESCENA. VI. 
Herodes. 



Será ilusión de mi mente, 
pero un dia y otro dia 
presenta á mi fantasía 
á ese infantillo Satán; 
y es mi pesadilla eterna; 
cotidiano sufrimiento 
que si me deja un momento 
en mi infortunado afán, 
un espíritu insensible 
que goza con mi tortura 
me presenta á esa criatura 
disputándome el dosel 
que mi audacia me legara; 
y huyo del fantasma impío, 
pero sigue el paso mió, 
ó mas bien voy en pos del! 
Oh! mas vo le buscaré 



—34- 

y, pese á nii mala estrella, 
como yo caig-a en su huella.... 
de fijo... le mataré! 

MÚSICA. 

Oh sí! sabré buscarle, 

y entonces cuando yerto 

le mire á mis pies muerto, 

entonces gozaré; 

y beberé su sangre, 

vertida g*ota á g*ota, 

y mi grandeza ig*Dota 

así le probaré. 

Y si hay un insensato 

que intente hacerme ofensa 

tomando su defensa, 

también él morirá. 

Que Herodes soy el Grande 

y soy rey inclemente, 

y el que ofenderme intente 

su vida pag-ará. 

Muera el infante 
y el que en mi vida 
pong-a atrevida 
su vista audaz. 
Muera, y que aprendan 
que yo no en vano 
soy soberano 
de ese rapaz. 

ESCENA VIL 

Dicho.— Daniel. 






Herodes 
Daniel. 



Herodes 



HABLADO. 

(Con ansiedad y viendo al Ministro.) Olí! Daniel! Pasad, pasad 

Gran Señor, el resuttado 
Del Consejo celebrado 
En este plieg"o tomad. 
(Parece que está turbado!) 
Déjame solo: ¡qué siento.! 
Qué me pasa! tiemblo á fé, 

Y en verdad no se porqué 
No apresurar el momento 

Y de esta angustia saldré. 

Rompe el cordón y Ice.) 



—35— 

Gran Dios, que veo! mi cerebro bulle 

Al contemplar la realidad desnuda! 

(díerodes, para mino admite duda 

Que lia nacido el Mesías; constituye 

Mi certeza, gran rey, 

Que lian cumplido los dias 

Que señala el profeta Isaias 

En veneranda y sacrosanta ley; 

Inútil que te canse tu ambición, 

en Betleliem lia nacido el rey del cielo 

Ha trece dias, y á traer consuelo 

Viene á su pueblo Dios !»=Oh, corazón! 

Que esto consienta yo, tan vil ultraje 

Jamás se infirió á un rey! 

En Betléhem ha nacido, que es la ley! 

Desde luego, que pruebe mi coraje! 

Será que ese menguado 

Se habrá vendido al niño? Si supiera...! 

La duda me atormenta por doquiera 

Mas no me vence el hado. 

Si has de reinar infante, en algún dia, 

Sangre te ha de costar, oh! sí, lo juro. 

Y pasarás, seguro, sobre mi losa fría! 

Y no te desconcierte 

Que cruzando mi pié sobre la tierra, 
Te declare la mas cruenta guerra, 
una guerra traidora, guerra á [muerte. 

ESCENA VIII. 
Herodes y el Ministro á su tiempo.— Des(]eahorahaslaquelo¡nd¡queel 

diálogo se oirán tumultos que irán aumentando paulatinamente. 

Herodes. Me parece que oigo ruido 

y que es tumulto del pueblo; 
las voces aquí se acercan. 
Victorean! ¿á quién? No puedo 
esplicármelo. Será 
rebelación? no lo creo; 
quizás alguna algazara 
de mis vasallos hebreos. 

JJIOS, SI Sera/ (a Ezequíel que sale apresurado.) 

Qué sucede? 
Ezequill. Tres estraños caballeros 

que á vuestra corte han llegado 
con gran acompañamiento, 
con un lujo estraordinario 
y ginetes en camellos 
y cuyo porte y grandeza 
son de reyes según pienso, 



—36— 

á vuestro palacio llegan 
descarados y resueltos 
y preguntan si lia nacido 
en este dichoso pueblo 
un rey que ellos esperaban; 
un rey que bajó del cielo. 
Gran señor, á esta pregunta 
nadie contestó y vinieron 
á solicitar de vos 
si les dais indicios ciertos 
de ese rey, al que buscaban 
siguiendo un bello lucero 
que vieron en el Oriente 
y al llegar aquí perdieron. 
Esto sucede, Señor. 
Herodes. Y vosotros, que habéis hecho 
al saber que preguntaban 
por ese monarca nuevo? 

Y diréis que sois leales! 
(¿Acaso esos extrangeros 
buscarán también al niño?) 
Qué! no importa; verlos quiero. 
(Apünistro que sale.) Prepara el salón del trono 

con examen muy severo 
y el lujo mas suntuoso 
se ostente; mostrarles quiero 
si son reyes, que en mi corte 
con un esquisito esmero 
se recibe á mis iguales 

Y si no lo fuesen, creo 
que no saldrá nadie vivo 
después del recibimiento. 
Marcha á disponerlo todo. 

(Váse el Ministro.=El tumulto crece y se acerca cada vez mas.) 

Ya llegan los entran geros; 
me prepararé á esperarlos, 
y hoy he de saber de cierto 
si ha nacido el nuevo rey; 
ese rey del alto cielo! 

ESCENA IX. 

DANIEL. — CRIADOS que abren el cortinaje del centro, descubriendo el gran salón del 
trono, y hacen lo que indica el verso. 

Daniel, Arreglad esas cortinas, 

encended los pebeteros, 
y que cuando venga el rey 
todo se encuentre en su puesto, 



—37— 

que Herodes quiere mostrarse 
muy rico á los estrangeros. 
Todo orgullo, todo vano 
se vuelve ese Rey, postrero 
de su estirpe; yo quisiera, 
cual soy Daniel, fuera cierto 
que haya- nacido el Mesías: 
¡qué alegría para el pueblo! 
No; pues los indicios todos 
no dejan duda: lo cierto, 
y que^esto no admitefróplica, 
es que los ísábios dijeron 
que yá debia nacer; 
y luego los estrangeros 
haber venido buscando 
á un Rey que bajó del cielo: 
¡Ojalá que así suceda! 

Está todo listo? bueno: (Música dentro.) 

Retiraos que yá las músicas 

tocan al recibimiento. 

i 

ESCENA X. 
Herodes, tos Reyes Magos, Ministro, Centuriones y Soldados. 

CONCERTANTE- 



Herodes 



Melchor 



Herodes 
Ministro 
Melchor 



Guárdeos el cielo, Señores: 
con gran placer he sabido 
que á buscarme habéis venido 
corteses y previsores. 
Designios del alto cielo 
á esta tierra nos conducen, 
y hasta aquí nos introducen; 
que no es voluntad del suelo. 

Que me espliqueis eso espero. 
(El Rey se encuentra furioso.) 
Es asunto portentoso, 
el asunto del lucero. 

Nació el Mesías 

y á estas mortales 

personas reales 

Dios avisó, 

mandando en guia 

hermosa estrella, 

tan linda y bella 

cual no se vio. 
Cual paje de hacha 
nos guia el caminó 
y á nuestro destino 



-38- 

nos encaminó. 
Seguírnosla á impulso 
de Dios, sobre humano, 
y aquí muy cercano 
se nos ocultó. 
Herodes Quimera es esta 

que me anonada; 
nadie vio nada, 
nadie me habló 
de aquella guia, 
de aquesa estrella,, 
ni aun de su huella 
nadie contó. 
Esto es una farsa, 
esto es increíble, 
esto es imposible, 
esto no es verdad. 
Más cabe en la mente 
que se presentara 
esa estrella rara 
por casualidad. 
Ministro Oh! que alegría! 

yá los mortales 
dejan sus males, 
gozan de paz; 
y Herodes muere 
de envidia lleno 
que es su veneno 
más contumaz. 
Si es cierto que el cielo 
dispuso el aviso, 
Oh! será preciso 
á Dios adorar. 
Que al fin se ha apiadado 
del mundo y del hombre 
y Dios hecho hombre 
nos viene á salvar. 
Cent, y Coro. Estemos alerta 
estad prevenidos, 
estemos unidos 
por si hay que matar. 
Que somos soldados 
de Herodes el grande 

en cuanto nos mande 
ie hemos de acatar. 



i 



HABLADO. 

Herodes Que me espliqueis eso espero, 
porque, creedlo , es curioso 



—39— 

y es asunto portentoso 
ese guia, ese lucero 
que aquí os hubo encaminado. 
Perdonadme si atrevido 
que me relatéis os pido 
cuanto os hubiese pasado. 
Melchor Pues bien, prestadme atención. 
Herodes Dispensadme, si os obligo... 
Melchor Ved, Señor, que cuanto os digo 
do es hijo de mi ilusión. 
Há trece noches 
molesto estaba 
y me marchaba 
á descansar: 
fiel á mi g*usto 
miró hacia el cielo, 
que há tiempo suelo 
en él mirar; 
porque esperamos 
allá en mi tierra 
tras de una sierra 
que allí se vé, 
fúlgida estrella 
que del Oriente 
al continente 
debe nacer. 
Piensa mi asombro: 
cuando del suelo 
miro hacia el cielo, 
mis ojos ven 
astro luciente 
que se aproxima; 
esto me anima; 
me anuncia el bien? 
y ó me pregunto ; 
pero el lucero, 
fiel mensagero 
de la bondad; 
á mí se acerca, 
se alegra el alma 
y yá con calma 
nó puedo estar. 
Del alto cielo 
miro la mano, 
que no es humano 
quien obra así. 
Recuerdo entonces 
las profecías 
de qne el Mesías 
naciera aquí. 



—40— 

Del alma á impulso 

lloro de g*ozo; 

que generoso 

Dios se acordó 

de esta infelice 

vil criatura, 

que en su clausura 

jamás pensó 

que entre los hombres 

fuese escojido 

á haber venido 

a él á adorar. 

En el momento 

seguí su huella 

y tras la estrella 

di á caminar. 

Llegué asi á un valle. 

siempre en pos suya, 

en donde arrulla 

el ruiseñor. 

Naturaleza 

siempre risueña 

siempre alhagüeña 

luce esplendor. 

Allí las flores 

sus cáliz lucen; 

allí relucen 

aguas doquier, 

y embalsamados 

con su ambrosía, 

dan alegría 

prestan placer 

al caminante 

que por él pasa; 

dormí sin tasa 

y al despertar 

hálleme á este 

mi compañero, 

que vio el lucero 

y á caminar 

cual yo, al momento 

dio placentero: 

luego al tercero 

vimos llegar: 

Y en igual caso 

nos encontramos 

y aquí llegamos 

sin detención, 

donde creímos 

ya ver colmado 



-41- 

y haber logrado 

nuestra ambición. 

Mas nos aflije 

que aquí la huella 

de nuestra estrella 

se nos perdió; 

no lo encontramos; 

su hermoso brillo 

el lucerillo 

nos ocultó. 

Lo que inferimos 

á lo que vemos, 

que aquí tenemos 

al nuevo rey, 

y le buscamos 

sí, para honrarle, 

para adorarle 

como es de ley. 

Si tú lo sabes 

dínoslo al punto: 

que en este asunto 

la luz nos . dá: 

no te deteng-as, 

que ansias tenemos, 

verle debemos. 
Herodes Bien escuchad. 

Há algunos dias que también se dijo 
Que aquí en Belén, en un cercano pueblo, 
Habia nacido un niño prodijioso 
Cuyo oríg-en databa allá del cielo. 
Mas como para mí no es de importancia 
Cuanto no daña la quietud del reino, 
Que es de lo que me ocupo, no hice caso 
De ese maravilloso nacimiento 
Que á mí entender no es más que conjetura 
De la ignorancia del sencillo hebreo. 
Después á fuerza yá de tanta hablilla 
Convoqué á los Escribas, Fariseos 

Y sabios Sacerdotes, que discutan 
En tan arduo neg*ocio: todos ellos 
Dijeron cierto ser lo del Mesías, 

Y aseg-uran que se ha cumplido el tiempo 
Que marcaron la ley y los profetas, 
Asegurando ser Belén el mesmo 

En donde nacería; mas yo infiero 
Que no sucederá esto en nuestros dias, 
Sino allá, transcurrido yá alg-un tiempo 
Si se amplía Belén y digno se hace 
De recibir al Dios de tierra y cielo. 
Ya sabéis cuanto sé; y si marcharos 



-42- 

Quereis al punto, bien; podéis hacerlo: 

Mas credme, en Belén encontrareis 

Un poblachon no más; alojamiento 

Tenéis dispuesto si queréis" quedaros, 

Si os marcháis, id con Dios, yo no os detengo 

Pero os suplico ¡Oh reyes! 

Que me hagáis el obsequio 

De aceptar una fiesta que os preparo 

Porque os llevéis recuerdo de mi reino. 

(Los reyes ocupan sus asientos.— Baile de ninfas/ 

Melchor Gracias, Herodes, en seguida vamos 
Á Belén al momento, compañeros: 
No cabe duda, nó, que allí ha nacido 
El apacentador del pueblo hebreo. 
Gracias mil; Oh gran rey; 
La vida nos devuelves con tu acento: 
Puesto que aquí también existen dudas, 
Es cierto, gran señor, es cierto, es cierto. 

Herodes (Que esto sufra! ¡qué idea!) Os suplico, 
Que si encontráis el venturoso objeto 
De vuestro viage, en seguida aviso 
Me mandéis por el medio mas certero, 
Porque pienso también ir á adorarle 

Y á rendirle mi justo acatamiento. 
Melchor Señor; con gratitud nos retiramos; 

Volver nosotros mismos te ofrecemos, 
Después de haber rendido adoraciones 
Al que es antes que todo el universo. 

Herodes Id pues con Dios; en vuestro labio fio, 
É intranquilo, Señores, os espero. 

Melchor Adiós Herodes; el corazón me dice 

Que hemos llegado al fin á nuestro anhelo. 

ESCENA XII. 

Herodes. =Despues el Ángel. 

Gracias mil, oh gran rey! Esto dijeron! 

Puesto que aquí también ecsisten dudas 

Es cierto gran señor; es cierto, es cierto! 

Habráse conocido tal ultraje 

En todo el universo 

Que el inferido aquí y en mi presencia 

Por esos orgullosos estrangeros? 

Imposible, imposible! Ningún rey 

Que precie en algo su altivez, su genio, 

Consentido no hubiera 

Insulto tan soberbio. 

Y que esto haya sufrido 



-43- 

Herodes, el gran rey del pueblo hebreo, 
Sin haber castigado 
a esos señores, cuyo orgullo necio 
Les hizo que olvidaran insensatos, 
Que están en mis dominios, en mi reino; 
Que con tan solo una palabra mia 
Pudiera hacer que ellos 
No hablaran más al mundo donde habitan. 
Es cierto, gran Señor, es cierto, es cierto....! 
Qué descaro hacia mí! ¡Sí! Qué descaro! 
Muy poco perspicaces anduvieron 
Mas validos de estar dentro mi casa 
Me insultaron, buscando á ese rey nuevo 
■ E inquiriendo de mí... si yó sabia 
En donde fué su santo nacimiento. 
Insensatos! También iré á adorarle 
En cuanto tenga al fin conocimiento, 
Pero adorarle... en fin, como yo adoro... 
Para adorarle muerto. 
No ha de valerle nada, 
porque entre el niño y yó, y ó soy primero! 

Y si acaso á ese infante no encontrara, 
Prometo desde luego 

Sacrificar mil vidas 

Y no cesar hasta tenerle muerto. 

El sabrá quien soy yó. Oh! de seguro, 
Le tenderé la red, y una vez dentro 
Oh sí! Seré terrible en la venganza! 
Beberé de su sangre...! y luego... luego... 
Luego que venga el cielo y me castigue! 
Já, já, já, já! Me rio de ese cielo! 
Cosas peores en mi vida hice 

Y nunca castigóme... ah! Qué es esto? 

Se escapa... el suelo de... mis pies y... absorto 
Me parece... que se hunde... el pavimento...! 
¡¡Tengo miedo...!! No hay duda! 
Se... contraen... mis nervios 

Y un pánico... terrible 

Oprime el corazón... pero qué veo! 
Las paredes... se rompen! 
Daniel! Centurión! ¡Ah! 
Ángel (dentro.) Rey perverso! 

Si quieres esgrimir tus armas, llega, 

Y te hundirás, Herodes, al infierno. 

Desde el verso las paredes se rompen, debe oirse una armonía dulce en cuyo acto se 
abre el telón de foro, y aparece la adoración de los reyes: Bengalas. Terminado el 
verso cántase el Hosanna del segundo acto.— Telón despacio. 

FIN DEL ACTO TERCERO- 



ACTO CUARTO. 



Atrio del Templo de Salomón en Jerusalen.— A la izquierda pórtico del m¡smo,=Al abrirse 
la escena y durante el preludio de la orquesta, principia á salir la procesión de la 
circuncisiou. 



ESCENA PRIMERA. 

SAN JOSÉ con una jaula con tórtolas. — La VlRGEN. — ANA LA PROFETISA. 
►.IMEON con el niño presentándolo al pueblo* — ANGELES con escudos, luces, es- 
padas de fuego* — JrUEBLO. 

MÚSICA 

Coro Venid, mortales, veréis 

la rosa de Jericó 
que viene á purificarse 
al templo de Salomoa. 
Llegad, soberbios llegad, 
veréis con cuánto respeto 
á la ley que le dio el padre 
se ha humillado el Dios supremo. 
Venid y veréis 
conque sumisión 
se humilla á la tierra 
el gran hacedor. 
Llegad con respeto, 
rendid culto á un Dios 
que nace en miseria 
y os dá una lección. 

Mientras la procesión atraviesa la escena de izquierda á derecha, Jusepe y Rebeca han 
estado «cultos entre el pueblo qae la presencia, y terminada, aquel se abre paso á 
codazos.— Murmullos. 

ESCENA II. 

Jusepe.— Rebeca.— Pueblo.— Acompañamiento, 

Jusepe. Jaserme un lao, albertruse; 

Ven conmigo no seas tonta; 
Rebeca. Ves Jusepe? Por tu causa 



—45- 





no la habernos visto toa, 




Si eres un bruto! 


JüSEPE. 


Rebeca, 




mia que endereso la porra! 


Rebeca. 


Si es verdad, con tu comía 




no pues liacer náa. 


J ÜSEPE . 


¡Tonta! 




Hay otra cosa mas güeña 




que antes de ver estas cosas 




prepararse, por si acaso, 




rellenando la, hartóla? 


Rebeca. 


Sí. 


Jusepe. 


Cual? 


Rebeca. 


La curiosidad, 




que es propiedad de nosotras. 


Jusepe. 


Pus cuando quieras ver algo 




te alistas y vienes sola. 


Rebeca. 


Si eso no lo quiere madre. 


Jusepe. 


Entonces, seña cotorra 




ja gasté lo que le manden. 


Rebeca. 


Pues no quiero! 


Jusepe. 


Punto en boca, 




que hoy es dia de alegría; 




y quiero canta una copla 




a la salú del chiquito. 


Todos. 


<Vue cante! Que cante! 


Jusepe. 


Hola! 




(paece que á la gente esa 




le gusta la fiesta.) A rebeca.; Jó 




Traes ahí las castañetas? 


Rebeca. 


Pues ya lo creo!! 


Jusepe. 


Pus toca. 



MÜSSCA.-BAILE. 



Rebeca. Felís la que ha tratao 

la nazarena 

y al niño Dios ha visto 

la Noche-buena. 
Coro. ' Muy bien cantado, 

viva Rebeca; 

vamos, Jusepe, 

venga de esa; 
Jusepe. Si quieres tú marcharte 

pa verla toa 

ya pues dejar el baile 

y dirte sola. 
Coro. Muy bien cantado 

viva Rebeca 

viva Jusepe 



Rebeca 



-46- 

viva la fiesta. 
Pero aqui viene 
toita entera. 



Cámara del Rev. 

ESCENA III. 
Herodes.— Ezequiel. 

Ezequiel Señor, con gran diligencia 
practiqué vuestro mandato 
ó inquirí con gran recato 
sin demostrar impaciencia 
en Belén: y á mis amagos 
conformes han declarado 
que allá, fuera de poblado, 
vieron a los reyes magos 
en una caverna ó gruta 
á espaldas de la Ciudad. 
No fué sueño! Era verdad! 
Dios de Dios!... 
(El Rey se inmuta.) 
Y bien, que pasó después? 
Quiso mi fatal destino 
que por distinto camino... 
Se marcharon, ya lo vés! 
Me han burlado, me han burlado! 
Prosigue, mal que me cuadre. 
Supe que del niño el padre 
es un pobre desdichado, 
para ser tan aplaudido, 
únicamente atenido 
á lo poco que ha ganado. 
Que es maestro de carpintero; 
lo cual me volvió la calma; 
conozco y ó vuestra alma 
y sé que sois justiciero: 
castigareis al traidor 
y después.... 

Herodes Necia porfía! 

Las manchas de la honra mia 
yo sé lavarlas! 

Ezequiel Señor, Humildemente.) 

Dispensadme la franqueza 
de soldado. 

Herodes Vano alarde... (Pausa,) 



Herodes 

Ezequiel 
Herodes 
Ezequiel 

Herodes 



Ezequiel 



—47— 

Me comtemplo tan cobarde... 
Ezkquiel (Há perdido la cabeza.) 
Heroues Que esto le suceda á un rey 

y á un rey cual yó! si el Senado 
supiera lo que lia pasado 
diría con razón y ley... 
, y quién á los magos dijo 
mi intención? ¡Esto me aterra! 
Si volvieron á su tierra 
por otro sitio, de fijo, 
aviso del cielo ha sido 
en castigo á mi osadía! 
yo en el cielo no creia...!! 
Ezequiel (Por Dios que estoy aturdido!) 
Herodes Sí, y aquel ensueño horrible 

que me hizo caer de bruces! 

¡tanta luz, no, ¡tantas luces! 

¡Tanto fantasma insensible 
á mi llanto, á mi querella!..,. 
¡Aquel tan hermoso niño! 
Aquel padre, de cariño 
embelesado, y aquella 
muger que con la sonrisa 
me estaba el alma enclavando! 
Los magos allí, adorando 
é inciensando al niño, á guisa 
de ser Dios del alto cielo, 
señal me han dejado aguda!! 
En mí ya no cabe duda 
que ese niño no es del suelo. 
Ezequiel (Que dice?) 
Herodes ¡Que importa! á fó 

me tendrán por mentecato 
si por tan poco me abato! (Pausa.) 
No sé que hacer! Mataré 
al Mesías? no es posible... 
¡Esta duda aborrecida!.. 
La primera que en mi vida 
me presenta un imposible. 
¡Matarle es una fireza...! 
Dejarle, es vivir espuesto...,. 
á que él ocupe mi puesto.... 
¿Y haré rodar.... 
Ezequiel Su cabeza!., 

fuera ese estraño terror. 
Hbrodes Insensato, has escuchado...? 
Ezequiel Todo cuanto habéis hablado. 
Herodes Y no temes mi furor? 

Ezequiel Si yo de vuestro secreto 

me dice dueño, no hay cuidado; 



—48- 

de vos mismollo he escuchado, 
pero guardarlo prometo. 

Herodes Proferistes, Centurión 

una palabra.... 

Ezequiel De muerte!. 

Ezequiel Y crees que de esa suerte 
calmará mi corazón 
de esta angustia? 

Ezequiel Sí lo creo. 

Herodes Esplícamelo ¡por¡ Dios! 

Hzequiel Estamos solos los dos? 

Herodes Nadie á nuestro lado veo. 

Cerrar esas puertas puedes 
si es que te acomoda.... 

Ezequiel (Lohace.) Sí!! 

que lo que hablemos aquí, 

no han de oirlo ni las paredes! 

Herodes Habla, mas loque hablas vé! 

Ezequiel Si en mí no habéis confianza, 
gran señor, no se me alcanza... 

Herodes Centurión! (impaciente.) 

Ezequiel Me esplicaré. 

Há tiempo, señor, notando 

perdonad si sin respeto.... 

que os hallabais algo inquieto, 

y dispensadme, observando 

con un cuidado especial 

vuestra situación penosa, 

solo averiguó una cosa, 

y es, que os hallabais muy mal. 

De esto poco satisfecho 

como es natural, curioso, 

os seguí siempre anheloso, 

y sabéis, pues, lo que he hecho? 

Aunque esto no os sea halagüeño, 

como yo quería saber 

vuestro mal, antes de ayer 

os he sorprendido el sueño. 

Herodes Miserable! 

Ezequiel Gran señor! 

no juzguéis por la apariencia! 
Os pido tengáis paciencia, 
y no os lo pide un traidor. 
Yo que á mi rey contemplaba 
siempre intranquilo, azaroso; 
que un momento de reposo 
en ninguna parte hallaba, 
dije; devolver su calma 
es preciso: ¿como y cuándo 
lo conseguiré, ignorando 



Heeodes 



EzequiéL 

Herodes 

EzEQUIEL 

Herodes 

EZEQUIEL 

Herodes 
ezequiel 



—49— 

el secreto de su alma? 

De nuevo me dediqué 

sin que me causara tedio 

á escojitar el remedio 

de vuestro mal y observé. 

Concurrí á la recepción 

de los reyes estrang*eros; 

después con pasos lig-eros 

dirijíme á este salón, 

y os hallé en el duro suelo 

y os oí hablar de un establo 

y de un niño, que... ¡qué diablo! 

causa vuestro desconsuelo. 

Y al notar que de esta suerte, 

por una causa tan ruin 

dais á vuestra vida fin, 

qué remedio, dije; muerte 

le daré al Infante, cuadre 

ó no cuadre al rey mi dueño; 

y si en su padre hallo empeño 

por sarvarle, mato al padre. 

Así yo lo he prometido 

y lo hubiera ejecutado, 

os lo juro; no lo he hallado 

y cumplirlo no he podido. 

]Cómo ha de ser! Mi destino 

no quiso que lo encontrara! 

Oh! pobre de él si lo hallara 

en mitad de mi camino! 

Oh! no prosig-as; yo siento 

que se ofusca mi razón; 

y tengro en el corazón 

oh! mi vida es un tormento!! 

Qué hice? porqué de este modo, 

porqué castigado he sido? 

(Mi^erio?o,) Es, señor, que estáis vendido! 

Vendido? 

Sí, lo sé todo. 
Exasperas mis dolores! 
concluye; te muestras reacio! 
En este mismo palacio 
Abrig*ais vos los traidores. 
No comprendo. 

Lo que pasa, 
cuanto á vos os dá tortura, 
debéis á uno que figura 
casi jefe de esta casa, 
á quien prodigáis favor 
muy alto y no está contento, 
y causa vuestro tormento 



Herodes 



EZEQUIEL 



Herodes 
ezequiel 
Daniel. 

Herodes 
Ezequiel 



Herodes 

Daniel. 

Herodes 



Daniel. 
Herodes 

Daniel. 
Herodes 



-50— 
aspirando al alto honor 
de hacerse rey; ¡Vil ladrón! 
¡os vende por oro alhagos 
y avisa á los reyes magos 
que vuelvan á su nación 
por otro camino! 

Sí!! 
razón tienes que así ha sido! 
Y quien es el fementido? 
Quién es ese? 

Vedle allí. 

ESCENA IV. 

DICHO. =D ANIEL que sale por la puerta secreta. 

Daniel! 

El mismo. 

Siempre encuentro juntos 
Á los dos. Oh! de qué estarán tratando! 
Traidor Daniel!! (Dudando.) 

Por esta vez amigo 
Mi venganza, pardiez, ya la he logrado, rjase.) 

ESCENA V. 
Herodes . — Daniel . 
Qué queréis? 

i O... (Asombrado.) 

Porqué tan de improviso 
Decidme, en el salón habéis entrado? 
Venis quizás á sorprender secretos 
Para venderlos luego? 

(Qué he escuchado...? 
Sin duda el Centurión...) 

Salid al punto 
No os detengáis ya más en este cuarto; 

Y notad que si vivo así os despido 
Es porque os he querido demasiado. 

(Ahí Qué es esto?) Señor, sin duda alguna, 
Á vuestra Magestad han engañado. 
Basta; de tu traición sé lo bastante; 
De tus vilezas fui bien informado; 
¡Desprecio los ardiles de la Vívora! 
Has vivido en mi seno muchos años, 

Y al fin cual el reptil aborrecido, 

Llena el alma de astucias, me has picado. 
Piensas que has de hacer ver con tus palabras 
Insensato, que nó me has burlado? 



—51- 

Señor, al menos de mi labio escucha... 

No prosigas; do escucho tus descargos 

Que sé muy bien que en ellos lucirías 

Pus ardiles de ilustre diplomático. 

Señor; que me insultáis; ved... que soy noble, 

Y reparad que aquí.... en vuestro palacio.... 
Qué dices? te rebelas? 

Sí á fé mia; 
Que tal insulto ni á mi padre aguanto; 

Y á mi rey... perdonad, no recordaba 
Que eso os lo dicta con cerebro insano 
Vuestra imaginación calenturienta. 
Miserable..! que soy tu soberano 

Y puedo castigarte, por mi vida, 
Necio, por un momento has olvidado! 
Así te quiero ver; que frente á frente 
Te presentes audaz y descarado; 
Insensato! tú mismo, tu sentencia 

Sí, con tu propio labio has pronunciado. 

Y nó serás tú solo quien padezca, 

Tus cómplices también, los reyes magos. 
(Mis cómplices ha dicho?) 

Mi venganza, 
Será terrible: cabiloso te hallo! 
Pensabas miserable ministrillo 
Porque ocupabas puestos elevados, 
Pensabas que ignorante me encontraba? 
Nó, que mi previsión... 

Más que está hablando? 
Tiemola por tí infelice, tiembla y sabe 
Que también ese Infante degollado 
Caerá á mis pies cual tú, y con vuestra sangre 
Vertida por la mano de un soldado 
Callaré mi conciencia, que doquiera 
Derrame sangre, siempre está gritando! 
Oh! qué dice! ¡Señor! vé lo que haces! 
No llegues, gran señor; á aquel establo 
Do cariñoso y de pobreza lleno 
El rey de tierra y cielo se ha humanado. 
Piensa que es rey... 

Oh! insulto tan grosero 
No puedo por mi vida tolerarlo. 
Centurión! 

Pues lo quieres, orgulloso, 
Defenderé mi vida con el paso. 



—52— 

ESCENA VI. 

Dichos.— Ezequiel.— Soldados. 

Herodes Til parecer por mi vida 

ya uo es para mí fiereza. 
Ezequiel Oh! 
Herodes Vé la primer cabeza 

que has de cortar; y en seguida 

partirás para Belén 

de tus tropas auxiliado, 

y á cuanto infante menguado 

hallares, matas también. 

Puede así que entre inocentes 

muera tambiem el culpable. 
Daniel. (Oh! no hay rey mas miserable!) 

Herodes Mata infantes, mata jen tes. 

Daniel. (Habrá corazón de hiena 

cual el de este rey inhumano?) 
Herodes Quiero ensangrentar mi mano 

y ahogar en sangre mi pena! 

Muera el niño, muera ei padre! 

quitadlos de los regazos 

de las madres, y pedazos 

hacedlos mal que les cuadre! 

No haya piedad! En cuanto á ese... 

vá á principiar mi venganza 

comenzando la matanza! 

Prendedle , centurión ! 
Daniel. t Cese! 

No dé tu pió ningún paso 

ni hagas de tu fuerza alarde! 

Eres villano y cobarde!! 
Ezequiel Miserable! 
Herodes Muera! 

Daniel. Paso! 

Los Soldados han ocupado ámhas puertas laterales y nadie ha hecho caso de la secre- 
ta, por donde Daniel huyc.=IlEUODES dá un grito,— Todos van en pos de él y escapa. 



MUTACIÓN. 

Selva.— Á la derecha ahajo un asiento natural.— Escarcha.— Al hacerse la mutación se oyen 
algunas notas y voces de niños cantan el siguiente verso. 



Coro 



MÚSICA- 

Cubierto el cielo de escarcha 



-53- 

y nublado el horizonte, 
tres viajeros por el monte 
tristes caminando van. 
Y los rios, las corrientes, 
los valles y los sembrados 
los montes selvas y prados 
se los van dejando atrás. 

A Egipto caminan, 

que anuncio divino 

les mostró el camino 

que han de discurrir. 

Y allí se dirigen 

tristes y azarosos 

entrambos esposos 

con igual sufrir, 

ESCENA VIL 

San José y la Virgen. 

S. José, En esta florida selva 

descansaremos un rato 
de las fatigas del viaje, 
pues ya me encuentro cansado 
y no dudo esposa mia 
que estaréis en igual caso. 
Señor, mentira parece, 
que el Dios del género humano 
salga huyendo de su hogar 
cual un ruin, un malvado! 
Bendito sea el alto cielo! 
adoremos sus arcanos! (Ruido.) 
Parece que siento ruido. 
Siempre estoy sobresaltado! 
i No hay duda! 

ESCENA VIII. 
Dichos. — Bandidos 1.°, 2.° y otros. 

1.* (Dentro.) Mi capitán, 

viene jente hacia este lado. 

(ídem,) Pues seguidla, y ved si valen 

la pena de ser robados! 

Ojo avizor y adelante. 
1/ Aquí están. 

Dios Soberano! 

Dadme valor. 

!• (Que llega con otros tres de sus iguales.) Da la DOlsa! 

Nada tenemos, hermanos; 
ambos somos fugitivos 
que huyendo de un rey tirano, 
vamos á estrangera tierra. 



Bandido 
Dimas. 



Bandido 
S. José. 

Bandido 
S. José. 



—54— 



ESCENA IX. 



DlMAS. 

S. José. 

DlMAS. 



Bandido 2. 



Bandido 1.° 

S. José. 

DlMAS. 

Bandido 1.° 
Bandido 2.° 

DlMAS. 



S. José. 
Dimas. 



S. José. 



Dichos.— Dimas. 

No te canses, que es en vano. 

Dá lo que tengas y calla, 

ó quedarás maniatado 

tú y esa muger contigo. 

Por Dios, no ser inhumanos! 

Mirad que somos dos pobres! 

Pobres! estos mentecatos 

se disfrazan de mendigos, 

y á la caridad burlando, 

á la candad imploran; 

cubren el cuerpo de harapos 

y bajo sus sucios trajes 

esconden oro... agarradlos 

y á aquella cueva inmediata 

conducidlos... Vamos! (Con imperio.) 

Vamos, 
buen hombre, suelta la bolsa 
y saldremos de este paso. 
No quieres? pues á la cueva! 

I Or BSie milO! (Dimas .se estremece si ver al niño.J 

Mal vados! 
Qué hacéis? 

Echa tú delante! 
Y tu muger... 

Insensatos! (Momento de estupor en los bandidos.) 

Si á esa mujer ó á ese niño 
osáis ponerles las manos 
encima, contad, bribones, 
que en el mismo sitio os mato! 
Os quedáis perplejos! ¡Cómo! 
No me entendéis? 

Oh! milagro 
que Dios ha obrado en este hombre 
es este que estoy mirando! 
Idos, monstruos, y otra vez 
si uo entendéis lo que os mando 
yo os juro... Perdón, Señora! 
Perdonadme, buen anciano! 

ESCENA X. 
Dichos menos ios Bandidos, 

Que el cielo te premie, 
corazón hidalgo! 



DlMAS. 



S. José. 
Dimas. 



S. José. 
Dimas. 



S. José. 

Dimas. 
S. José. 



Dimas. 



— oo — 

Al ver ese niño, 

porqué di este cambio? 

Decidme, señora 

hablad, buen anciano! 

Sabéis vos quien soy? 

No quiero ignorarlo, 

que el bien que me liicistes. 

Qué estáis pronunciando? 

Yo bien? yo?.. Sin duda 

al que estáis hablando 

no sabéis; sin duda 

no habéis escuchado 

decir de un bandido, 

hombre desalmado, 

que siembra en las selvas 

terrores y espanto, 

y al cual no persiguen 

ni rey, ni soldados, 

por que es imposible 

puedan atraparlo. 

Sin duda me engrana. 

Qué estáis pronunciando? 

Soy en estas selvas 

solo soberano, 

y tengo mi hueste 

de bravos soldados. 

Y mando y ordeno 
y doy vida y mato: 
jamás me contristo 
ni tiembla mi mano 
cuando al caminante 
su bolsa le atrapo! 
Yó, soy una fiera! 
por nada me ablando! 

Y os pude hacer bien? 
¿Qué habéis pronunciado? 
¿Y en aquestas selvas 
decid, sois criado? 
Ojalá lo fuera! 

Me vá interesando! 

Su carácter dulce, 

sus cambios estraños, 

no hay duda, demuestran 

que es un desgraciado. 

¿Porqué en mí este niño 

operó tal cambio? 

Yo sudo... yo tiemblo... 

y estoy subyugado... 

ah! cual" se presentan 

los tiempos pasados, 



—56— 

tranquilos, serenos! 
Es un desgraciado 
que Jesús redime! 
Que Dios sea loado! 
Decid, sois los padres 
de ese sacrosanto 
niño, que embelesa 
mis sentidos tanto? 
Este es el Mesías; 
este niño, hermano, 
es hijo del cielo, 
es Dios humanado! 
Oh! lo creo! Dios mió! 
Tú me has revelado 
en cortos instantes 
profundos arcanos! 
Dispon de tu subdito! 
Ordena á tu esclavo! 



Dimas se arrodilla.— S. José se acerca y levanta á Dimas que lo abraza enternecido.— El coro 
de ángeles entona el Gloria del acto segundo. — Telón despacio. 



S. José. 

DlMAS. 

S. José. 
Dimas. 



FIN DEL ACTO CUARTO- 



ACTO QUINTO. 



Selva como en el acto anterior. 



ESCENA PRIMERA. 

JACOB. — ISAAC. — REBECA. — Coro general de pastores y después Jusepe. 

MÚSICA. 

Isaac Vamos pronto caballeros 

á la casa de Eliazar 

que se casa en esta luna 

y hará su felicidad. 

Coro. » . ¿s - \ novio 

Ay señor, quien fuera j uovia 

en la boda de Eliazar. 
Rebeca. Diz que habrá ricos presentes 

Coro. Ricos presentes habrá 

porque Eliazar es muy rico. 

Corriendo vamos allá. 
Jusepe. Quién grita con tanto grito 

que no ma dejao soñar? 
Todos. Jusepe ! 

Jusepe. Pos vaya un g*usto! 

Todos. Que Eliazar se casa 

Jusepe. Ya! 

Y porque Eliazar se casa 

venís á escandalizar 

estos contornos; ¡por vía!.... 

no ma veis dejao acabar 

un sueño que tuve. 
Rebeca. Vamqs 

pues nos lo vas á contar 
Jusepe. Mejor es que yo macueste 

y lo acabe de soñar. 
Todos. Que lo cuente, que lo cuente!! 

Jusepe. Que lo cante? A la verdad, 

que si lo cuento con música 

toa la via va á dura. 



Todos. 
Jusepe. 

Totos. 
Jusepe. 



Todos. 
Jusepe. 



Todos. 
Jusepe. 



Isaac. 
Jusepe. 
Coro. 
Jusepe. 



—58— 

En fin va é canto. 

Silencio!! 
que ya principia á contal! 

Todos se sientan al rededor de Jusepe y este se queda en pié. 

Anoche á la hora 
propia de cena 
me bebí to er vino 
de la bota... 

Ya! 
por eso soñaste! 
Sus queréis calla? 
Me quedé dormio 
sin arrepará 
que estaba tendió 
en aquer zarzal. 
De pronto una mano 
me agarra; á temblar 
se puso mi cuerpo! 
¡Qué miedo me dá! 
y sin vé yo á naide 
me empezó á empuja! 
Anduve mil leguas. 
¡Que barbaridad! (Riéndose) 
Simejise callos, 
de tanto trota. 
Llegamos á un sitio 
como este luga, 
y una voz me dijo: 
observa y verás! 
Muchachos, qué mieo! 
Vi á Héroes cortar 
milenta cabezas, 
sin arrepará 
que eran tiernos niños! 

Todos van demostrando algún interés y leyantándose. 

Oh qué atrocidad! 
Y sabéis porque era? 
porque ar der portar 
no púo encontrarlo. 
Mas vino detrás 
un diablo mu grande 
que á la eterniá 
vestio y calzao 
lo llevó á quema. 

HABLADO 

Peregrina es la historia 
Pues queda lo más bueno! 
Ouentanoslo, Jusepe! 
Gallar y estarme atento! 



Jacob. 

Isaac. 
Jusepe. 



Rebeca. 
Jusepe. 



Isaac. 
Jusepe. 



Isaac. 

Jusepe. 

Isaac. 



Jusepe. 

Issac. 

Jusepe, 



Isaac. 

Rebeca. 

Jacob. 



Isaac. 

Jusepe. 



—59— 

Vino otro rey y otro 
y de reyes un cuento 
vi pasa en un instante. 
Mas en un monte luego 
nacieron unas palmas 
y mil cañas nacieron 
y mil hombres llegaron, 
y cáa uno cojieron 
un puííao de palmas 
y en una caña hicieron 
una... asi como porra, 
que escobas le dijeron, 
y con aquella andrómina 
a tóos los barrieron. 
Ja, ja! Buena es la historia; 
donoso ha sio el cuento. 
Como salió de este. 
Pus no ser matraqueros; 
que bien puó convertirse 
el sueño en verdaero. 
Ay! Jesús no lo quiera! 
No sería el primero 
que ha soñao una cosa 
que luego ha sio un hecho. 
No aflijas á tu hermana. 
Ya está haciendo pucheros: 
al dia rompe veinte, 
mas lueg v o jase un ciento, 

y 

Te callas, Jusepe? 
Ya estoy cayao, abuelo. 
Vamos hacia la boa, 
'que es tarde, caballeros. 
Tú no vienes? 

No voy. 
Por qué? 

Porque me queo: 
quieo habla lo que yo quiera 
sin oir ¡cállate! 

Bueno. 
Yo me queo con mí hermano. 
Pues yo también me queo, 
que quiero que me cuente 
otra vez ese cuento. 
Nosotros nos marchamos, 
porque ir allí debemos. 
Pus dirse y menos música; 
conque, adiós caballeros. (Gritando,) 



—60— 

MÚSICA 

Todos. Vamos pronto compañeros, 

á la boda de Eliazar, 
que se casa en esta luna 
y hará su felicidad. 
Ay señor, quién fuera novio 
en la boda de Eliazar. 

ESCENA II. 
Jusepe.=Rebeca.=Jacob. 



HABLADO. 

Jusepe. Si sigue el vejete aquí 

estábamos aviaos: 
siempre — Jusepe, que calles; 
Jusepe... — Si estoy callao 
por mas tiempo, te aseguro 
que quizá me pongo malo. 

Rebeca. Mia, Jusepe, no te enfades, 

pero lo que es el tio Isacio 
tiene razón que le sobra. 
Es verdad, Jacob? 

Jacob. Yo callo, 

porque no quieo ná con este; 
que sino, yo estaría hablando 
de las cosas de Jusepe.... 
sabe Dios...! 

Jusepe. Di jasta cuándo; * 

te conceo la palabra, 
y me estoy yo mas callao 
que ese tronco. 

Rebeca. Di, Jacobo, 

porqué no quiés con mi hermano....? 

Jacob. Toma, porqué quiés que sea? 

Porque tu hermano es mu ganso 

Jusepe. Pos mia con lo que se escuelga! 

Con que soy ganso....! 

Rebeca. Ea, vamos; 

eso es que entre ustedes des 
alguna cosa ha pasao 
no mu gustosa: ea, cuéntala... 

Jusepe. Verás, Rebeca, fué el caso 

Rebeca. A tí no te lo pregunto. 

Jusepe. Yo me doy por preguntao; 

y como emprencipies yá, 
mú pronto que lio el jato 



—61— 

y me voy. 

Rebeca. • Espérate, 

que Jacob vá á contá el caso. 

Jacob. Verás, Rebeca; anteanoche, 

me endilgué paso tras paso 
y sin pensá lo que hacía 
hacia el pueblo; mas tu hermano, 
que habia estao buscándome 
y no me habia encontrao, 

decidió vengarse y qué hizo? 

Se apostó tras de un peñasco, 

y al pasar yo por allí 

me dio el mu bruto dos palos,... 

Jusepe. Nó, señó, fueron dos coces 

en mita del espinaso, 
que me lastimé una pata! 

Rebeca. ¡Cállate, que eres un ganso! 

Jusepe. Y porqué me he de cayá? 

Si dice que fueron palos 
y fueron coces, porqué? 
¿No es mas verdad lo que hablo 
yó, que lo que él nos cuenta? 
Misté, que también er caso 
tiene gracia! Un hombre viejo 
que tié mas de treinta años, 
no distingue. 

Rebeca. Di, Jacobo; 

Cómo estaba el pueblo? 

Jacob. Malo! 

Allí se habían metió 
infinidad de soldaos 
á averiguar qué pastores 
fueron los que visitaron 
la cabana de Belén 
la Noche del Sacrosanto 
Nacimiento de Dios vivo. 

Jusepe. Y qué, lo han averiguao? 

Jacob. Según sonaba entre ellos, 
no sabían ná, y por tanto 
rabiaba esa poore jente, 
pues diz que á Héroes malvao 
le ocurrió ir... á ver al niño, 
y unos reyes le engañaron, 
y 

Jusepe. Jacob, yo sé esa historia, 

que sucedió días pasaos. 
(a Rebeca.) Tacuerdas de aquel lucero 
que tenia cola ó caballo? 
Rebeca. Sí que macuerdo. 

Jusepe. Pus bueno; 



Rebeca. 
Jusepe. 



Jacob. 
Jusepe. 
Rebeca, 
Jusepe. 



Jacob. 

Jusepe. 

Rebeca. 

Jusepe. 

Jacob. 



—62— 

esa estrella iba guiando 
tres albestruses mu grandes 
con unos cuellos mu largos 
y unas jorobas mu gordas, 

con el pelo así, entrecano 

cómo era...? como er pelo 
de mi rabaan Isacio. 
Iban en ellos subios 
tres hombres: uno mu blanco, 
con las barbas mu crecias 
y blancas también; ar lao 
iba un moceton mu rubio 
sin pelo é barba, montao 
como el otro en su alimaña; 
y luego... me queé pasmao 
al ver al otro: era negro 
y con los clientes mu blancos: 
también en su tarajote 
iba el negrito montao: 
llevaba cáa uno su jente, 
toos subios á caballo; 
los blancos, luego los rubios, 
y luego los negros; vamos, 
pasó el rato más alegre 
que yo en mi via hé pasao, 
¡como que nunca, habia visto 
animaluchos tan raros! 

Y no sabes quiénes eran? 

I\o he de saberlo?., está claro! 

me acerqué á un negro de aquellos 

y me dijo que eran,....! (r¡ c .) 

Vamos! 
Jacob, deja que me ría! (río.j 
¿Qué te dijo? 

Qué eran..-, magros! 
que venían del Oriente. 
Al oir tal nombre sargo 
juyendo de la ciudá, 
y soríé á reír el trapo, 
que estuve comprometió 
si no sargo pronto al campo; 
pus con la risa... á propósito 
tenéis pa come ahí argo? 
No piensas más que en come! 

Y tu en no dá y criticarlo. 
Cómete ese cacho é queso, (scio dá.) 
Si a pan? 

Yo te doy un peazo, 
pero nos tus que contá 
el chasco aquel del soldao 



-63— 

que me digiste ayer tarde 
que tenias que contarnos. 

Jusepe. Rebeca, que estoy comiendo 

y er queso me va á hacer daño, 

Rebeca. Vamos..... cuéntalo, Jusepe. 

Jusepe. Sacarás jugo á un peñasco...! 

Rebeca. Preciso.,. 

Jusepe. Pus vá de cuento. 

En la aldea dias pasaos 
arreparé varias veces 
que había un armao romano 
siempre llorando y gimiendo 
aunque mu disimulao, 
y cuando de allí se iba 
pegaba unos suspirazos 
que parecían rebuznos 
por lo recio y prolongaos. 
Yo lo oí dos o tres veces, 
y hasta pasó por mi lao 
pegando unos resoplíos 
y entre dientes murmurando, 
con la vista estravíá, 
oyes, Jacobo, y suando 
en la mita del invierno! 
(De verlo me puse malo!) 
Esto fué cuando en la aldea 
anduvieron preguntando 
por el niño Dios: pus bien; 
yo me dirigí á un soldao 
á preguntarle qué hacia 
llorando siempre su amo, 
y me respondió el mu bruto: 
¿Pus no vés, gran mantecato, 
que el probé, de una señora, 
está del tó enarnorao? 
— ¿Cómo? — Y mal correspondió! 
— Pus no hay motivo pa tanto, 
dije yo. — ¡Vaya el vergante, 
que de eso no entiende!— En tanto 
él echó mano á su pincho 
y yo me escapé volando: 
noguera que el mú borrico 
se enreára conmigo á palos. 

Y quién es esa señora? 
Yo no la conozco. 

Claro! 
Como que ella no saldría! 

Y hoy tu atención ha llamao 
esos de los amoríos 
de esa dama y el soldao? 



—64— 

Pues si lo sé yo, seguro, 
lo menos hace tres años. 

Rebeca. Digo! y no habías dicho ná! 

Jusepe. Este? Si es mas reservao!... 

Jacob. Esa mujer, seg*un dicen, 
fué un robo del soberano, 
de allá cuando fué al Egipto. 
Un hijo tiée del marvao 
Jeores: en aquel lance 
le acompañaba ese armao; 
el mozo se prendó de ella, 
y perdió de enamorao 

Jusepe. Ahora llora y patalea: 

pus está gracioso el chasco! 

Jacob. El chasco que está gracioso 

es que siempre los sordaos 
han de está é gresca contigo, 

Rebeca. Siempre! 

Jusepe. Pus tengo jurao 
que como caiga é mi cuenta 
uno por aquestos campos, 
le voy á dá una paliza 

ESCENA III. 
Dichos.— Un Soldado. 



Soldado. (Aquí hay gente: procedamos 

COn Cautela.) Dios OS guarde. (Sorpresa general.=Jacob 
y Rebeca se miran estupefactos,=Jusepc quiere huir; tropieza y cae,= 
El soldado le ayuda á levantar.) 

Hé! que te vas á matar. 

(¡Qué sospecha!) porqué corres? 
Jusepe. Seño soldao... la verdá... 

corro... porque... yo decia... 
Soldado. (¡Qué imbécil!) Acabarás? 
Jusepe. Rebeca, qué miedo tengo!... 

Soldado. Has mirado en mí rapaz 

alguna fantasma horrible 

ó miedo tienes quizás 

de arrostrar la iras reales? 
Jusepe. Señor!... 

Soldado. (Este vá á aclarar 

si acaso en esta comarca...) 

Acércate... Ven acá. 
Jusrpe. (Yo no voy!) 

Soldado. No me has oido, 

ó te mando apalear? 
Jusepe. Sí señó, que lo oí asté... 

¡vaya! (no faltaba mas 



—65— 

que ahora me dieran de palos.) 
Soldado. Dime, por casualidad, 

sabes algo de un infante... 
Jusepe. No señó, yo no sé ná. 

Jacob. (Calla!) 

Soldado. Que hace algunas noches 

ha nacido en un portal, 

en el muro de Belén, 

muy cerca de la ciudad, 

y que después visitaron 

unos reyes? 
Jusepe. Vamos! Yá 

sé lo que quióstó decirme, 

si no me enterao mal. 
Soldado. Cómo? 
Jusepe, Que si sé de un niño 

que ha nasío en un portal 

en el muro de Belén... 
Soldado. Justo... Sí...! 
Jusepe. Pues no se ná, 

M irosté, yo sé tres cosas, 

come, cantar y bailar; 

cuatro, y toca la zambomba! 
Rebeca. AJncob.) Tú ves que barbaridad? 

Jacob. (¡Jusepe!) 

Jusepe. Pues sí señor; 

la toco con un afán! 

Miosté, el carrizo en mi mano 

es una gloria.... 
Soldado. Eh! ya 

basta! (se estará burlando?) 

Tú, muchacha, ven acá! 

¿Sabes á lo que he venido? 
Rebeca. Sí señor; mas no sé ná, 

porque yo, que soy doncella, 

no salgo de la ciudá 

como no sea con mi hermano. 
Soldado. ¿Es este tu hermano? 
Jusepe. Aja! 

(En seguía me ha conoció.) 

Sí señó, y sabe toca 

tan diestra las castañetas, 

que no puée disirse mas. 
Soldado. Silencio! (Será posible 

que no pueda averiguar...) 

a Jacob.; Tú, pastor, di lo que sepas, 
Jacob. Por mi parte no sé ná... 

Soldado. (Lo saben, siempre lo mismo.) 

Pues bien, no queréis hablar 

cuando el rey promete un premio 



— 66— 

al que diga donde está? 
Jusepe. Y dá mucho? 

Jacob. ¡Jusepillo! 

Jusepe. Digastó, dá mucho? 

Soldado. Dá 

oro, alhajas, gran riqueza 

y promete su amistad... 
Jusepe. Pues miostó, que se las guarde, 

que yo no las quieo pa ná. 
Soldado. Y te burlas de ese modo? 
Jusepe. Yo no me he querío burla. 

Rebeca. (Ay, qué borrico es mi hermano!) 

Soldado. Por tu audacia morirás: 

soldados! coged á ese hombre 

y amarradle. (Los soldados le cojen y tratan de hacerlo.==lusepe 

Jusepe. Bueno está. sc resisle 3 

Me tratan como abarcoque 

con tanto zamarrear: 

ea, dejarme ó doy coces. 
Rebeca. Gran señor, por caridad! 

Perdónele su imprudencia, 

que es un inocente... 
Soldado. Cá! 

no hay perdón, y si resiste 

matadle! 
Jusepe. Será verdad? 

Rebeca. Señor, por Dios! 

Soldado. Bien: soltadle. 

Rebeca. Gracias, gracias! 

Soldado. La verdad 

se me oculta en estos sitios, 

pero pronto se sabrá. 

Soldados, á hacer pesquisas. 



ESCENA IV. 
Dichos menos ios Soldados. 



Jusepe. 



Rebeca. 
Jacob. 

Jusepe. 



Por via, que es particular, 
que estos picaros sayones 
siempre me han de estropear! 
Ahora tuya fué la culpa. 
No lo niegues que es verdad. 
Pues qué queria el mu gabacho, 
que yo lo fuera á entera? 
Cosas tan santas y buenas 
no son para ese animal. 
Si creeréis que yo soy bobo? 
Mete la mano y' verás 
que no es de corcho mi encia. 



-67— 

Yaya el tuno. 

Rebeca. (Congrua.) A la verdad, 

si lo pillas en el campo.,.. 

«Jusepe* Lo mato! 

Jacob. Aquí viene yá 

Jusepe. (Temblando.) Vamos corriendo á la casa 

y ya no salgo en jamás! 

Jacob. Si es mentira. 

Jusepe. Manque sea; 

á mí me paese verdad 
y no quieo que un sayón de esos 
me egüelle por la mita. 

ESCENA V. 

S. José— La Virgen— Dimás— Bandidos, 

S. José. Triste es vuestra historia. 

Dimas. Sí. 

Por lo poco que lie contado 

os habréis ya fig-urado 

lo desgraciado que fui. 

Entonces perdí á mi padre, 

sus riquezas heredando, 

y después, el tiempo andando, 

murió mi querida madre. 

Solo me quedó una hermana 

hermosa, que al mismo cielo 

daba su cara consuelo: 

pues bien; en una mañana 

que cantaba sus amores 

el ruiseñor, y las flores 

ostentaban su lozana 

gallardía, de mi estancia 

salía aun casi dormido, 

cuando á poco siento ruido 

á no muy larga distancia; 

¡socorro! escuché, y atento, 

volví ¡socorro! á escuchar, 

y mi alma sentí saltar! 

En el instante, al momento, 

armóme y me decidí, 

montó un caballo ligero 

y al punto tomé el sendero, 

aguijé al bruto y corrí. 

Siguiendo siempre la huella 

de pisadas de animales, 

salté tajos y jarales; 

mas quiso mí mala estrella 

que cerca á la cabalgata 



—68— 

que delante caminaba, 

donde mi hermana gritaba, 

se espantase en una mata 

mi caballo; yo, anhelante, 

impulso al bruto, clavando 

mi acicate; él relinchando, 

no daba un paso adelante. 

Oh! Estaba desesperado; 

los delante, caminaban, 

á mi hermana se llevaban 

y el bruto estaba parado. 

Ah! qué hacer.....? Reflexioné... 

Descendían una sierra; 

pensé alcanzarlos pió á tierra 

y en la tierra puse pió. 

Corrí cual exhalación... 

ya casi los alcanzaba, 

sus insultos escuchaba, 

sí, ya la respiración 

de las bestias á mi oido 

llegaban, y oigo mal rayo! 

me ha reventado el caballo; 

huid, señor, soy perdido..! — 

Llego: quién es el infame 

que obra de tan mala ley? 

—El: cuidado que es el rey! 

—Yo: no queréis que reclame 

mi honcr, que cual un bandido 

me ha robado? necio fuera 

tratarle de otra manera 

que á un infame foragido!— 

Él: vé que soy servidor 

del rey, y que. honor te ha dado; 

si á tu hermana se ha llevado 

te honró mucho mi señor. 

—Yo: que honor me ha dado? ¡Qué! 

Honor! y que así me hable! 

Defiéndete, miserable! 

defiéndete...! y le maté. 

Entonces, calenturiento, 

di á correr desesperado: 

iba de uno en otro lado 

sin descansar un momento, 

hasta que por fin, cansado, 

por la fatiga rendido, 

caí por tierra aturdido 

y quedé en tierra insultado. 

Después, unos bandoleros, 

que hicieron alto en mi traje, 

me encerraron sin ambaje, 



—69— 

y exigieron ciea dineros 

por mi rescate: yo, loco, 

en mi indescriptible afán 

de venganza, capitán, 

dije, puedo ser con poco. 

Hice pruebas; me admitieron 

cual gefe en la compañia, 

y desde aquel mismo dia 

mi mandato obedecieron. 

Desde entonces con mi grey 

robó como un desalmado 

desde el ministro al soldado, 

deste el ¡mendigo hasta el rey; 

y hoyj que huís de ese tirano 

que causó mi desventura 

y persigue á esa criatura; 

hoy que estáis bajo mi .mano, 

que llegue ya ese insensato, 

que vengan sus centuriones 

y él, en medio de legiones 

de soldados, y le mato. 
Bandido (saliendo.) Dimas, por aquella parte, 

según informes tomados, 

se acercan unos soldados. 
S. José Oh Dios! y no has de salvarte? 

Dimas. Que nos salve él á nosotros 

será decir mas certero; 

tomad, pues, ese sendero, 

que ya llegan, y vosotros 

entretened á esa gente 

como podáis, y si os fuerzan, 

que muriendo se convenzan 

de que sois unos valientes! 

¡Herodes: entre los dos 

hay pendiente una partida; 

de entrambos sobra una vida; 

Veremos Cuales! ¡Adiós! (Vánse monte arriba y por ei otro 
estremo salen algunos soldados luchando con los bandidos.=Telon.) 



FIN DEL ACTO QUINTO. 



¿lk en las cercanías de la torre de Edcr.=Al fondo monte escarpado, y en su a llura 
á la derecha la indicada torre practicable en su esterior.— Truenos. 



ESCENA PRIMERA. 
Ezequiel—Centubiokes— Soldados— Yeiídugos— etc. 

MÚSICA. 

ZBQÚIEL Las órdenes recibidas 

ya habéis oido, soldados; 

110 haya miedo, dura el alma, 

y ni el corazón ni el brazo 

titubeen un momento; 

que obedezcan el mandato 

del rey, por mas que os parezca 

ua castigo alg-o inhumano, 

que así conviene al moa are a; 

si sembráis luto y espanto, 

vuestra conciencia tranquila 

debe estar, pues yo os lo mando. 

Al que mas mate, reserva 

su munificencia un lauro. 

Sólo en nosotros depende 

la tranquilidad del alto 

señor de aqueste gran pueblo. 

A todo infante menguado 

desde un dia de nacido 

hasta cumplidos dos año 

matad lo sin compasión; 

sin reparar en el llanto 

de las madres; y si un padre 

fuera á evitarlo, i ¡sensato, 

que muera también el padre 

pagando así SU atentado. (Trueno. -Us soldados espan- 
tados retroceden.; Murmuráis? Pues vive el cielo! 
A vuestros puestos, soldados! 



-71— 

Marchemos al punto, 
corramos , corramos , 

busquemos los niños 

y sin piedad degolíadlos; 

Si Heredes nos manda, 
nuestro soberano; 
nosotros debemos 
cumplir su mandato, 
que no haya piedad, 
que no haya compa ."¡ion; 
mostremos que cual roca 
es nuestro corazón. 

ESCENA II. 

DlMAS. 

Vá á priucipiar la matanza! 
Oh! Crueldad tan horrible 
nunca la creí posible! 
Venganza, cielos, venganza! 
Y si evitar esta saña 
yo pudiera.,.,... ¡Por lo menos, 
si aquí no salvo á los buenos 
los salvaré en la montaña! 
i Oh rey, que ante el precipicio 
no cede tu pasión ciega, 
y cuya alma fiera niega 
hasta de Dios el juicio! 
Tiembla, pues, con tus secuaces, 
que si hoy siembras desconsuelo, 
tú responderás al cielo 
mañana del daño que haces. 
El cielo con su furor 
me proteje; oh, sí! De fijo 
que en mi venganza en tu hijo 
me pagarás mi dolor. 

ESCENA III. 

Dicho. =Un Bandido. 

Se han salvado? 

Los dejé 
capitán en buena tierra. 
Dios sea loado! Dispon 
que la jente se prevenga; 
llamas á los aldeanos 
que escondes en la caverna: 



—72 

al señor que r vino anoche 

con la centuria, que venga, 

y esa ennegrecida torre 

con mil espías rodea. 

Tu creo que á Herodes conoces. 

Bandido. Fui su soldado. 

Dimas. La puerta 

te encargo de ese edificio 
y si sale el rey, lo dejas 
y me avisas en seguida 
con un silvido: si entra 
fuego á la torre, comprendes? 

Bandido. Voy á hacer la centinela. 

ESCENA IV. 
Dimas. ==Dcs P ues Daniel. 

Dimas. Nadie se vé; los soldados 

se han dirijido á la aldea 
y dejan el campo franco. 
Tu triunfo, Señor, completa: 
haz que los buenos se salven; 
haz que los malos perezcan, 
y conseguido tu triunfo 
mi vida en tu honor cercena. 
Aquí viene... 

Me has llamado? 
Sí, ya es preciso que sepas 
quien soy, en aquestos campos. 
Oh! no! cualquiera que seas 
heme á tu mandato, basta 
nuestra entrevista primera 
para en tí mi confianza 
depositar toda entera. 
No basta: si ayer me has visto 
pelear como una fiera 
con los bandidos de Herodes, 
disputándoles su presa, 
para ligarte conmigo 
á terminar esta empresa, 
es preciso, necesario 
que toda mi historia sepas. 
¿Conque te aprestas á oiría? 

Daniel. Asuntos de mas urgencia 

de entrambos, reclaman, Dimas.... 

Dimas. Me conoces? 

Daniel. Tu sorpresa 

decaiga: sabes quien soy? 

Dimas. Basta que ayer, cuando recia 



Daniel. 
Dimas. 

Daniel. 



Dimas. 



—73- 

y con mas sangrienta saña 
se mostraba la pelea 
corrieras con tus soldados 
á ponerte á mi defensa. 
Quien tan grande y santa causa 
llama, y con su sangre sella, 
grande y noble ante el Mesías 
ser su corazón demuestra 

Daniel. Qué dices? 

Dimas. Salvaste á Cristo 

de las g-arras de esa hiena 
que titulan rey Heredes. 

Daniel. Dios, alabo tu clemencia! 

yo salvarte del tirano! 

Dimas. No lo sabias? 

Daniel. No: en fuerza 

de mi enemistad á Herocles 
puse á tu lado mi diestra. 
Y bien; tú Dimas, que has sido 
terror de la soldadesca, 
sabe quien soy: soy Daniel, 
favorito de su alteza; 
que defendiendo en palacio 
la idea que aquí profesas 
tuve que huir del tirano 
y esconderme en las malezas. 
Mi cabeza cual la tuya 
á grande precio se impetra, 
pues bien; vendámoslas caras; 
si quieren nuestras cabezas 
que vengan aquí; que en tanto 
que el Mesías nos proteja 
seguro estoy de guardarlas, 
seguro estoy de tenerla. 

Dimas. Sí, que ese divino niño 

es nuestro fuerte, que vengan: 
Desde hoy, Señor, la alianza 
de entrambos será completa. 

Daniel. Dimas, hasta cierto punto, 

Dimas. Desde que vi la grandeza 

Señor, de ese tierno Infante 
ya me he trazado otra senda: 
la del bien. 

Daniel. Divino niño! 

Mas tratemos de la empresa... 

Dimas. Tenéis razón, sí, tratemos. 
Ya sabréis que las cabezas 
de los niños de Belem 

Daniel, Pero es posible que sea 

ese bárbaro atentado 



DlMAS". 



Daniel. 

DlMAS. 



-74 
puesto por obra? 



Daniel 

DlMAS. 



Daniel. 
Dlmas. 

Daniel. 
Dimas. 

Daniel. 



fuerza 

montano 
aldea, 



que lia cruzado la 
ya penetrará en la 
con orden de ese tirano, 
la mas vil, la mas soberbia! 
Pues es preciso estorbarlo. 
Eso mi ánimo desea. 
Ya multitud de aldeanos 
se encierran en mi caverna, 
dispuestos á defenderse 
de la brutal soldadesca; 
mi gente, gente aguerrida, 
ocupa ya esas malezas, 
y los vuestros, es preciso 
que con vos á la cabeza 
os marchéis hacia Belén... 
Qué intentas? 

Como las vuestra 
sen las mismas vestiduras 
que los asesinos llevan, 
podréis llegar hasta ellos; 
el golpe no lo recelan; 
caeréis entonces cual rayo 
sobre las centurias; ellas 
se sorprenderán al punto, 
y si huyen por dicha nuestra 
hacia aquí, perecerán! 
¿Comprendéis ya la estrategia' 
Corro á Belén! 

Id, amigo, 
y que el cielo nos proteja! 
Nos protegerá! 

¡Dios santo! 
danos tu ayuda! 

Así sea! 



ESCENA V. 



Raquel.- 



Después 



EZEQUIEL. 



Raquel. ¡Qué sorpresa, Dios mió! Es posible 
Que ese rey tan inicuo, tan tirano, 
Castigue sin delito la inocencia, 
Sin mas motivo para el vil malvado 
Que haber nacido para dicha nuestra 
El Mesías, por todos esperado? 
Es mentira, mentira, sí Dios mió! 
Yo tengo el corazón acongojado 
De duras penas, y verter no puedo 



-75- 

lágrimas que mi vista están quemando! 
¿Dónde se ha visto tan horrendo crimen? 
¿Dónde tanta impiedad se ha demostrado? 
Es un sueño... es quizás una mentira! 
Ah! ya sé que es realidad, rey brábaro! 
Ocultemos al hijo de mi vida! 
Corramos por nii bien para salvarlo! 
Ezequiel. ¡Qué hermosa es! Por fin, Raquel querida 
Veré mi amor por tí recompensado! 
¿Qué no hace una madre, por el hombre 
Que salva de la muerte suliijo amado? 
Por fin hoy cederá tu altivez loca! 
Por fin me vengaré! Dios sea loado! 
Sin duda por su hijo habrá corrido, 
Y aquí vendrá con él para salvarlo! 
¡Infeliz...! Hoy te rindes á mi ruego 
ó morirá el infante degollado! 
Raquel (con niño) Te salvaré! 
Ezequiel. Raquel! 

Raquel. Perdón... mi hijo...! 

Ezequiel. Suerte hubiste, mujer; has tropezado ' 
Conmigo, y aunque al rey le pese, 
Ese niño, Raquel se encuentra en salvo. 
Raquel. Es verdad? Ah, señor,..! Será posible? 
Ezequiel. Puedes con él marchar... 
Raquel. (Cielos! reparo...) 

Ah señor! A tan grande beneficio 
Con qué, jamás, mi pecho dará pago? 
Ezequiel. Jamás! jamás! Palabra aterradora 

Que pasa el corazón cual duro clavo! 
Tienes un medio de pagarme... 
Raquel. (¡Qué oigo!) 

Ezequiel. Amándome á tu vez como yo te amo; 
Dejando la dureza de tu genio; 
Hablándome de amor, que por tu halago, 
Por tu amor, oh Raquel, yo sacrifico 
Riquezas y poder; valor y mando. 
¿Qué dices? 
Raquel. Si á tal precio 

He de ofenderme, si se salva amándoos, 
Tomad á mi hijo, que si cien tuviera, 
Antes que de verdugo asalariado 
Ser la querida, á mis hijos diera 
y los viera á mis pies hechos pedazos! 
Ezequiel. vé, que en celos ardiendo, tú no sabes 

de lo que soy capaz! 
Raquel. Hombre inhumano! 

Piensas que hade ablandarme tu amenaza? 
Ya sé que eres capaz de degollarlo: 
Compasión no invistes de muí virgen 



—76— 

Que anegaba tus pies en tierno líanto 
Implorando su honor, que le robaste 
Por saciar la pasión de un soberano 
Tan infame cual tú; que yo esperase 
Tuvieras compasión, en vano! en vano! 
Pero que salves mi inocente hijo 
En nombre de tu rey, soldado, maudo! 
En nombre de mi rey? 

En nombre suyo! 



Ezequiel 

Raquel. 

Ezequiel. Este engendro tal vez...? 

Raquel. 

Ezequiel 



Raquel. 

Ezequiel. 

Raquel. 



Ezequiel. 

Raquel. 
Ezequiel. 

Raquel. 
Ezequiel. 
Raquel. 
Ezequiel. 



Raquel. 
Ezequiel. 

Raquel. 



Es su hijo. 

Rayos! 

El me manda matar! Pues bien; que muera! 
El hijo morirá del soberano! 

Y ya que el odio me rebosa el pecho, 
Ya que mi corazón haces pedazos 

No cediendo á mi amor....! 

Perdona á mi hijo! 
Prométeme á tu vez... 

Pues que es en vano 
Esperar que mis súplicas escuche 
Un asesino, Centurión, mi mano 
Duro puñal ostenta; vén, y mueres! 
Tu amenaza me tiene sin cuidado. 
Yo só que me amarás! 

Ah! Nunca, nunca! 
Sí! Me amarás, ó mataré al muchacho, 

Y mi venganza al fin veré cumplida! 
Piedad! 

Cede! 

No cedo, nó! 

Soldados! 
Cojed á esa mujer, lleva un infante! 
Arrancadlo, pardiez, de su regazo! 
¡Miserables, venid! 

Su pertinacia 
Que pague con su vida! 

Ah! corramos! (H , iye seguida 

de los soldados.=Al hacerlo Ezequiel lo deliene Daniel.) 

ESCENA VI. 



Daniel. 
Ezequiel. 

Daniel. 

Ezequiel. 



Ezequiel=Daniel=:Soldados, 

Sabes quien soy? 

El ministro! 
Hoy es dia de fortuna! 
Tú no has tenido ninguna 
suerte, por ningún registro. 
Sí, que te llego á encontrar. 



-77— 

Sabes que estás puesto á precio 

Daniel. Y bien, pretendes que necio 

yo me dejaré apresar? 
Tu muerte llegó á mi ver; 
que esa horda de malvados 
asesinos y soldados 
no te pueden socorrer. 
Pierde, como me has perdido, 
de vivir ya la esperanza; 
principie en tí mi venganza! 

Soldados! (Bajan los de Daniel.) 
EZEQUIEL. ¡Estoy herido! (cae.=Los soldados se le llevan.) 

Daniel. No has muerto en muerte execrable; 

tal honor no has merecido; 
que un miserable bandido 
muere en muerte miserable. 
¡Soldados! á la legión 
ataquemos; mostrad saña, 
y en la aldea y la montaña 
loguemos su destrucción. 

ESCENA VIL 

Dimas.— Raquel. ~Pueblo.==B andidos. 



MÚSICA. 

Dimas. Acudid aquí, aldanos, 

los gritos aquí se acercan, 
y en causa tan santa y justa 
emprendamos cruda guerra. 
Guerra al tirano 
usurpador: 

salvemos de esa fiera 
nuestra generación. 
Coro. Guerra al tirano, etc 

Dimas. Si acaso nuestra hueste 

es menor, que sea mas 

la fé en nuestra conciencia, 

el ansia en pelear. 

Guerra al tirano, etC. (Repite el coro.^Orense gri- 
tos de mujeres que se acercan y salen en tropel.) 

Hombres. Qué es esto? Son las madres 

huyendo! 
Mujeres. Por favor! 

Socorro á nuestros hijos! 

Socorro! 
Hombres. Sí, por Dios! 

Todos. Que muera el rey tirano! 



-78- 

Raquel (saliendo.) Mi hijo! Maldición! 

Qué mal te hizo, hombre traidor, 

Mi infante tierno, mi dnlce amor? 

Porqué le matas? Con qué razón 

hoy me desgarras el corazón! 

Porque tu amante no fui 

me hicistes esta traición! 

Guerra al tirano, etc. 





HABLADO 


DiMAS. 

Raquel. 


Pueblo, á la lid! 

Sí venganza! 



ESCENA VIII. 
Dichos.— Jusepe.— Isaac— Jacob.— Rebeca . 

Jusepe. Muchachos...,! Aquí estoy yo, 

y mi rabaán Isacio, 
y mi hermana con Jacob; 
y al que se ponga po elante 
lo barro. ¡Muera el ladrón! 

Todos. ¡Muera! 

Dimas. A vuestros puestos! 

Todos. v Sí. 

Raquel. Venganza, esterminio, horror! 

ESCENA IX. 
Isaac— Jacob.— Jusepe.— Rebeca. 

Jacob. Tío Isacio, el alma en un hilo 

tengo: tan atroz suceso 
solo es propio de ese rey, 
que loco, calenturiento, 
quiere ser solo en el mundo 
con su corona y su cetro. 

Jusepe. Cabal; y pa quearse solo 

degüella á los sagalejos. 
No he visto rey mas maldito! 

Rebeca. A bien que allá en los infiernos 

pagará su gran pecao. 

Jusepe. Rebeca, pues fuera bueno 

que los pagara aquí abajo, 
porque de aquí á aquel terreno 
bien puede hacer que no quóe 
ni chico ni grande. ¡Cuerno! 
y lo que mas me atosiga 
es que los soldaos digeron 
que vendrían por los campos...! 



—79— 

Jacob. Y tú qué temes con eso? 

Jusepe. Qué he de temer! Que me cojan 

y me corten el pescueso 

por debajo ó las orejas! 
Isaac. Calla, tonto, que do es eso 

como tú piensas. % 

Jusepe. Pues sea 

como tú quieras: mas creo, 

que si vienen á estos campos 

no será por náa bueno. 
Jacob. Yo á este sitio me he venido 

porque he sabido que el pueblo 

se acoge en estas montañas 

á defender sus chicuelos. 
Isaac. Hicistes bien: yo lo mismo 

hice, aunque ya soy viejo; 

que sangre teng-o en mis venas 

y esa infamia no consiento. 
Jusepe. Ni yo, que aunque soy cobarde, 

en cuanto los vea, (me muero.) 

Ya veréis si echo á correr, 

si pa correr teng*o aliento, 

y no paro... hasta que pare 

la matanza. Mas qué veo! 

por allí vienen sayones! 

Hacia aquí vienen juyendo! 

Ay, yo me muero Rebeca! 

También viene po allí el pueblo! 

Ya se enrearon toitos. 

¡Cómo crujen los aceros? 
Isaac. Uno solo aquí se acerca 

como ocultando su cuerpo! 
Jacob. No ves cual corre? A la torre 

se dirige. 
Jusepe. Jui qué g*üeno! 

Aquel de la espá lo sig-ue! 

Ya se entró en la torr¿! 

DlMAS. (Dentro.) ¡Fuego! 

(La torre en seguida comier.za á arder. —Combate general.— Los solda- 
dos de Herodes cruzan la escena seguidos de los de Daniel y acosados 
por el pueblo, que ba aparecido en la montaña por distintas direcciones.— 
Cuadros de combatientes.— Raquel da muerte á un centurion.=Dimas 
lucha con otro que se rinde. =Daniel, herido, se sostiene apenas.= 
Jusepe, desde un árbol, arroja piedras sobre los soldados.) 

ESCENA ÚLTIMA. 
DitaAS.— Raquel.— Daniel.— Jusepe.— Rebeca.— Isaac— Jacob. 

SOLDADOS. — BANDIDOS. — PUEBLO. 



Raquel. Pueblo hebreo, no haya treg*ua, 

¡muera el rey aborrecido! 



Todos. 
Jusrpe. 
Un soldado 
Raquel. 



Daniel. 

Uno. 

Dimas. 

Daniel. 



Dimas. 
Daniel. 



Muera, muera! 

Arde la torre! 
Huyamos! 

Muere, asesino! (Termina la lucba.=Desdc este 
momento va iluminándose la escena.=Cuando lo indica el diálogo se 
descuelgan multitud de ángeles con instrumentos unos, con corona,- otros. 

Por fin, muero por tí, mi Dios amado! 
Llamad á Dimas, que mi vida acaba! 
Dimas, Dimas, venid. 

Cielos! herido! 
Dios lo ha querido así! Su santa causa 
defendí con ardor! Muero por Cristo! 
Atended á mis últimas palabras! 
Una niña radiante de inocencia 
Vivía, por las gentes admirada, 
prefiriendo á las galas de la corte 
La sencillez de su tranquila estancia. 
Jamás latió su pecho de impureza; 
Jamás su frente oscureció una mancha! 
Nunca soñó que un tigre despiadado 
sus pasos la seguía...! Una mañana... 
Seguid, por Dios! 

Halló ocasión de verla 

la robó, la ultrajó, y abandonada... 

hoy lucha contra el monstruo, contra el padre 

que el fruto de su amor... 

Dó está mi hermana? 
Yo me... muero! Es... Raquel! Cambió su nombre! 



Dimas. 
Daniel. 

(Algunos postores traen á Raqnel sobre sus hombros,) 

Dimas. Hermana de mi vida! Desmayada! 
Daniel. ¡Gloria á los Santos Inocentes muertos! 

¡Maldición execrable á quien los mata! (Muere.) 

MÚSICA. 

CORO DE ÁNGELES. 

Llegad al cielo, manes de las víctimas, 
Vuestra vida del mundo vil cortada; 
Llegad, y la alegría del Empíreo 
Gozad, por vuestra sangre conquistada. 
Sois víctimas de Cristo, las primeras, 
Por la insensata y vil pasión humana! 
Subid al cielo, y en honor del Hijo 
Llenad al Padre eterno de alabanzas! 



FIN DE LA OBRA. 



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